Chavez en la web

jueves, septiembre 24, 2026

Delcy en la ONU: Venezuela ha iniciado un proceso de transformación democrática


La Jefa de Estado reafirmó la postura soberana del Estado venezolano y su compromiso histórico con el multilateralismo y la paz regional
Últimas Noticias 24 septiembre, 2026

En el marco del Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la presidenta de la República, Delcy Rodríguez, pronunció una alocución de gran trascendencia geopolítica ante el plenario internacional.

Durante su intervención, la jefa de Estado expuso la ruta de transformación democrática e innovación institucional que ha emprendido el país, reafirmando la postura soberana del Estado venezolano y su compromiso histórico con el multilateralismo, la estabilidad política y la paz regional.

A continuación, la transcripción íntegra del discurso pronunciado desde la sede del organismo internacional en Nueva York:

«Buenas tardes, distinguido Presidente de la 81 Asamblea General de las Naciones Unidas, distinguido Jefe de Estado, Jefe de Gobiernos y de Delegaciones. He estado en este estrado en distintos momentos de mi vida como funcionaria. Primero como Canciller, luego como Vicepresidenta Ejecutiva y ahora como Presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela.

En todos estos momentos han sido motivo de reflexión los grandes temas, aspiraciones y preocupaciones de la humanidad. La paz, el desarrollo, la igualdad, la crisis climática, el libre comercio, seguridad energética y más recientemente la inteligencia artificial. Sobre estos desafíos Venezuela ha mantenido y mantiene líneas muy claras.

Uno, su apego a la paz y el rechazo a la violencia, que sea el entendimiento y el diálogo sobre el conflicto. Creemos firmemente en el poder del entendimiento y el diálogo. Venezuela, que hoy sabe lo que es levantar a sus hijos de entre los escombros, extiende su solidaridad más profunda a todos los pueblos que sufren la guerra y reafirma sin ambigüedades que la paz, una paz justa, duradera, con dignidad para todas las partes, no es una aspiración ingenua, sino la única salida verdaderamente humana.

Dos, el desarrollo inclusivo con justicia social para mitigar la pobreza y aliviar el sufrimiento de cientos de millones de personas concentradas principalmente en el sur global. Sabemos que las sanciones socavan las libertades económicas, financieras y retardan el desarrollo humano. Tres, creemos en el respeto a los derechos de la naturaleza como única vía para la consagración de la vida humana.

Cuatro, de igual forma, el fracaso institucional del comercio global es evidente, porque ninguna nación puede prosperar bajo esquemas supranacionales que no promuevan la industria nacional y premien la deslocalización. Quinto, por otro lado, la estabilidad internacional exige resolver el trilema energético, garantizar simultáneamente la seguridad en el suministro, precios asequibles y sostenibilidad ambiental. Promover cronogramas de descarbonización forzados es una amenaza directa a la seguridad alimentaria, el empleo, la producción.

Debemos evitar colapsos industriales, quiebres productivos y costos energéticos insoportables para los pueblos. La seguridad energética se hace así imprescindible para el sostenimiento de la economía internacional y el desarrollo. Sin duda alguna, Venezuela juega y jugará un papel muy importante en esta fórmula internacional.

Resalto así el recién acuerdo binacional Estados Unidos-Venezuela como uno de los más grandes jamás suscritos y que contribuirá al equilibrio energético del hemisferio y de la economía internacional. Sexto, mención aparte la inteligencia artificial, que supone una verdadera revolución tecnológica. Estamos en presencia de un hito de transformación de la humanidad que bien empleada significará un desarrollo sin precedentes en la salud, en el ambiente, en los procesos productivos y en la vida en general de los seres humanos.

Los gobiernos, los sectores tecnológicos, la comunidad científica tenemos la inmensa responsabilidad de no desviar el propósito constructivo y vital de la AIA en beneficio de los ciudadanos, así como de no profundizar la brecha y la desigualdad digital en el mundo. Séptimo, no puedo dejar de mencionar en este espacio, sede de la legalidad internacional, nuestra reafirmación de los históricos derechos de Venezuela sobre la Guayana Esequiba y el llamado a la República Cooperativa de Guyana a resolver y volver a las negociaciones tal como lo ordena el Acuerdo de Ginebra. Los acuerdos que más perduran son los que provienen de negociaciones bilaterales, por encima de organismos externos.

Para quienes se preguntan de qué lado está Venezuela, ahí están nuestras líneas y referentes. Nuestro bando es uno solo, el de los ciudadanos del mundo que procuran su felicidad, su desarrollo y su libertad. Mucho se dice sobre Venezuela.

Muchos opinan sobre Venezuela. Algunos intentan interferir en los asuntos de Venezuela. Vengo a hablarles de una Venezuela cuya vida nacional ha estado afectada por una crisis de convivencia política que perturbó la vida nacional y nuestra interacción con el mundo.

Se impusieron intereses ajenos al bien común de los venezolanos. En 2026 Venezuela ha vivido dos grandes y dolorosas pruebas en su vida como nación. Una derivada del estrangulamiento de su vida política interna y la confrontación agudizada con los Estados Unidos de América.

Otra proveniente de la fiereza de la naturaleza, el doble terremoto del 24 de junio. A pesar de estos golpes de la vida tan fuertes como diría el poeta César Vallejo para los venezolanos y venezolanas, hoy Venezuela renace. Renace, resume la actitud de nuestro pueblo que ha asumido frente a estos acontecimientos.

La transformación de una relación política fundamentada en el diálogo, la negociación y la diplomacia. Por eso hoy Venezuela aspira con Estados Unidos, con sus vecinos, con todos los países de nuestro continente y de la comunidad internacional reconstruir y sostener relaciones de cooperación, respeto e igualdad. Quiero en esta 81ª Asamblea General de la ONU agradecer al presidente Donald Trump y a su gobierno por su disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación con Venezuela.

La última vez que dos presidentes de Venezuela y los Estados Unidos se reunieron fue en el año 2009. Hoy trabajamos seriamente para dirimir a través del diálogo las diferencias existentes pero principalmente para abonar los caminos para el relacionamiento energético, la promoción de seguridad, la lucha común contra el crimen transnacional y la cooperación económica en beneficio de ambos pueblos y de nuestro continente. Por otro lado, la reconstrucción material, moral y espiritual de nuestra patria azotada por una devastadora tragedia natural.

Quiero agradecer a todos los países de América, de Europa, de Asia, de África, de Medio Oriente, así como a todo el sistema de las Naciones Unidas que brindaron su solidaridad al pueblo venezolano durante las horas más oscuras causadas por el doble terremoto. Allí se sintió el verdadero espíritu fundador de esta organización. Hoy vengo a esta Asamblea como una hija más de Venezuela a presentar las aspiraciones de un país que busca construir su propio destino luego de conflictos políticos, en medio de bloqueo económico que impactó el modelo de desarrollo, inclusión e igualdad.

Durante demasiado tiempo fuimos un país dividido entre trincheras donde el color de una bandera partidista pesaba más que el apellido común que todos compartimos, venezolanos y venezolanas. Esta etapa debe cerrarse para dar inicio a un nuevo tiempo político basado en la verdad, la justicia y la capacidad de mirar hacia adelante juntos y encontrar en el diálogo político respetuoso un espacio genuino para dirimir las diferencias que como venezolanos tenemos, buscando siempre un horizonte a favor del país. Me complace anunciar que Venezuela ha iniciado un proceso de transformación democrática para su renacer.

Un proceso ordenado, institucional y verificable para construir un país más libre para todos, más próspero y más reconciliado consigo mismo. Un proceso de cambio político, económico, espiritual, de reformas estructurales para el renacer de Venezuela, para el renacer de nuestra nación, para el renacer de nuestro pueblo. Se trata de construir un país donde nadie tenga que ganar desconociendo al otro porque todos, especialmente los jóvenes que apenas empiezan su socialización política, somos Venezuela.

Tenemos que aspirar a una Venezuela cuya clase política esté íntimamente comprometida con los intereses nacionales por encima de cualquier cosa y no esté secuestrada por algoritmos mediáticos. Conozco muy bien a Venezuela. Agradezco a Dios la oportunidad que me ha brindado para conocer los espacios institucionales en distintos sectores de la vida pública.

Sé dónde están las puertas que se deben abrir para la transformación profunda de Venezuela y para la edificación de nuevas bases para una economía al servicio del desarrollo nacional, de una justicia cabal para todos sin distingo de clase social o política y de consolidar un sistema de justicia e igualdad social como lo concibió nuestro padre libertador Simón Bolívar. Quiero que de los escombros de la división levantemos los cimientos de una república nueva, plural, profundamente espiritual y en paz consigo misma, pero también en paz con un mundo lamentablemente cada día menos integrado. La historia nos ha enseñado que alguna de las transiciones democráticas más sólidas del mundo contemporáneo no nacieron de la ruptura, sino de la transformación conducida con firmeza desde las propias instituciones.

Esa es la inspiración, no la reproducción de una historia ajena ni pasada, sino el aprendizaje de una idea universal. La legalidad puede ser el camino hacia una legalidad mejor. Una nación no renace solamente reconstruyendo edificios, renace cuando reconstruye la confianza en sus instituciones.

Por eso quiero anunciar y reafirmar con precisión ante ustedes los pilares de este proceso. Primero, una reforma jurídica ordenada. Venezuela ha emprendido un proceso de revisión institucional para fortalecer el funcionamiento del Estado y poder brindar la seguridad jurídica que no sólo los inversionistas nacionales e internacionales necesitan, sino también nuestros ciudadanos, que no se sientan atropellados por un poder arbitrario, sino que esté a su servicio.

La reforma de la justicia y de su sistema es impostergable. Segundo, ejercicio responsable y plena de la política. Venezuela garantizará condiciones reales de participación para todas las fuerzas políticas del país.

La democracia no se mide por la existencia de elecciones. La democracia se mide por la calidad de la competencia que precede esas elecciones. Una elección debe ser una solución, no un generador de conflictos irreconciliables.

Quiero decirlo muy claro en esta Asamblea General. En Venezuela habrá elecciones. Y en esa dirección hemos iniciado un diálogo político con sectores de la oposición que conduzca un proceso en igualdad de condiciones para todos.

El pueblo venezolano, con su sabiduría ancestral, determinará el momento correcto y sus instituciones estarán preparadas para garantizar ese proceso inclusivo y transparente. Un país que no esté sometido a restricciones económicas de ningún tipo para que se garantice su derecho al desarrollo. El resto y las reacciones espasmódicas de adentro y de afuera forman parte del espectáculo que ya no quieren ver los venezolanos.

Venezuela definitivamente debe abandonar el camino que permitió que el extremismo y la intolerancia se impusieran sobre la convivencia democrática y pacífica. Y allí pido el acompañamiento de la comunidad internacional para que respalden de buena voluntad los cambios que Venezuela necesita desde el respeto a la autodeterminación de mi país. Venezuela quiere respirar libre, ejercer sus derechos como nación soberana sin ningún tipo de intromisión.

Una Venezuela admirada y respetada. Vengo a asumir hacia adelante una responsabilidad histórica. La de conducir a Venezuela desde una etapa de incertidumbre y conflicto hacia una etapa de democracia plena reconocida por su propio pueblo y por el mundo.

Una nueva etapa de bienestar para el renacer de Venezuela. A mi pueblo amado le digo, este no es el final de un discurso, es el comienzo de un compromiso. A la comunidad internacional le digo, Venezuela está lista para caminar de la mano de quienes crean en una relación internacional respetuosa sin intromisiones ni prejuzgamientos.

A los jóvenes que han crecido viendo un país fracturado y que muchas veces decidieron partir buscando lo que en nuestro país no encontraban, les digo que vale la pena creer de nuevo. Este es el momento de construir el país al que muchos quieran regresar y no solamente aquel del que muchos quisieron huir. Y a cada venezolano que hoy, en medio de la pérdida material o humana que dejó el terremoto, que se pregunta si vale la pena seguir de pie, les respondo que sí.

Que la fuerza de este pueblo no se mide en los momentos fáciles, sino precisamente en los momentos como este. Que de cada catástrofe que hemos vivido como nación, siempre hemos salido más unidos de lo que estábamos antes de que ocurriera. Venezolanos, no prometo un camino fácil.

La recuperación del país tomará un tiempo. La reconstrucción del alma nacional será nuestra prioridad. Caminaremos unidos como una sola nación que decidió, después del dolor, elegir la esperanza.

Que este momento político y geopolítico quede en la historia como el día en que decidimos levantarnos todos juntos para construir el renacer de Venezuela. Este 16 de diciembre se cumplirán 200 años del llamado angustiado del libertador Simón Bolívar al pueblo de Venezuela para salvarlo de la disolución, la división y la guerra civil. Dijo, venezolanos, seréis consultados para que digáis cuándo, dónde y en qué términos queréis celebrar la gran convención nacional.

Allí el pueblo ejercerá libremente su omnipotencia. Allí decretará sus leyes fundamentales. Tan sólo él conoce su bien y es dueño de su suerte, pero no un poderoso, ni un partido, ni una facción, sino el pueblo, el soberano.

Ni un poderoso, ni un partido, ni una facción. Todos juntos arrimemos, pues, nuestro esfuerzo para el renacimiento de la patria próspera que merecen nuestros hijos y nuestras hijas. Que Dios bendiga a Venezuela y que la unión de su pueblo sea, de ahora en adelante, nuestra bandera más grande para mostrar al mundo y para mostrar de lo que somos capaces los venezolanos de bien, dignos y con moral histórica para seguir adelante. Muchas gracias».

Ejércitos contra la independenci



1

La situación es inaudita: fuerzas armadas republicanas operan como obstáculo que impide combatir al Imperio. Bolívar cumple una nueva Campaña Admirable. Desembarca en la Nueva Granada con apenas un puñado de oficiales patriotas, se justifica ante el gobierno local, gana su confianza, asume el mando del millar de reclutas que Urdaneta ha logrado llevar hasta Cúcuta y en acción fulminante el 11 de diciembre de 1814, libera la capital de lo que había sido el Virreinato de la Nueva Granada, Santa Fe de Bogotá.

2

Parecería ocasión para disfrute y celebraciones. Pero el delirio de América no da reposo al Libertador. Su plan es tomar Santa Marta, Riohacha, Maracaibo, Coro, liberar Caracas y desde allí, por vía de Cúcuta desajojar al Imperio definitivamente de Colombia, de Quito, del Perú, del Nuevo Mundo. El gobierno patriota recién instalado en Bogotá le da la autorización. El 23 de diciembre de 1814 ya ordena Bolívar a los gobernantes de Mompox y Ocaña para trasladarse por el río Magdalena “hará VE reunir inmediatamente en el puerto de Honda todos los buques, con sus correspondientes bogas y pilotos que se encuentren en la jurisdicción de VE”.

3

La leyenda finge que en una gesta independentista todo es estandartes, proclamas, cargas impetuosas. Pero la verdadera batalla se libra contra la falta de pertrechos, reclutas y tiempo. El 24 de diciembre, Bolívar escribe al presidente Custodio García Rovira: “Yo debo marchar de aquí dentro de quince días, a más tardar y si me retardo, la expedición contra Santa Marta puede tener lugar y frustrarse quizás; necesito que dé las órdenes convenientes para que se obedezcan las mías y para tomar las medidas previas que son indispensables. Si por parte del gobierno de Cartagena hubiere alguna novedad, yo me impondré para componerlo todo del mejor modo posible, en inteligencia de que llevando yo todas las facultades que se me deben dar, todo cederá a la política y la fuerza; pero si voy a sufrir contradicciones, por parte de los jefes militares y políticos, ni la expedición tendrá el logro que esperamos”.

4

El Libertador multiplica diligencias. El 24 de diciembre incita al secretario de Guerra a rehabilitar el molino de la nitrería, pues “bajo la dirección de un hombre inteligente, producirá sin duda alguna más pólvora de la que quizás se necesitará, y el gobierno la tendrá a buen precio y de buena calidad (…).” A la comisión civil del Congreso en Cundinamarca recuerda “que existen en las cajas de diezmos veinticinco mil pesos, los cuales espero que ustedes manden tener en depósito, para que si al tiempo de salir no hay otros fondos para costear las marchas, sean aplicados a este objeto”. Participa al gobernador de Cundinamarca que a los españoles presos “he creído de justicia ponerles en libertad al paso que cada uno vaya contribuyendo con los donativos que han ofrecido (…)”. Manda a la autoridad de Zipaquirá que “Recoja VE todos los hombres solteros y robustos de la edad de catorce hasta treinta años, y remítalos al ejército (…)”. Cuatro días después impone empréstito forzoso de 200.000 pesos para pertrechar la expedición hacia Santa Marta. El 29 manda al secretario de Guerra de la Unión “que se busquen y aprehendan dondequiera los desertores, y que calificado que sea su delito, sean pasados por las armas”. Al ministro del Tesoro Público, José María Carbonell, exige que a quienes evadan el empréstito o se excusen “les hará usted entender que sus bienes serán pregonados hasta cubrir la cantidad asignada; y que sus personas serán inmediatamente destinadas al servicio de las armas (…)”. El primero de enero de 1815 ya prevé navegar río abajo por el Magdalena, a cuyo efecto ordena al oficial Fernando Carabaño: “Hará usted construir con toda actividad un número crecido de balsas para llevar la tropa”.

5

Para tomar Santa Marta es indispensable el apoyo de Cartagena. Pero ocurre lo que Bolívar más temía: surgen “contradicciones por parte de los jefes militares y políticos”. El brigadier Manuel Castillo, jefe militar de la fortificada ciudad puerto, lo difama, desconoce su mando, ordena a sus subordinados no obedecerlo.

6

Con ello, según reprocha el Libertador a Castillo el 19 de febrero, “al paso que no se obedece a la autoridad del gobierno nacional, se me atan las manos para obrar contra los enemigos, y se me esfuerza a ser un testigo pasivo del peligro de la República, sin que la puedan salvar las fuerzas que hay en el Bajo Magdalena, que según entiendo son bastante débiles. Ruego a VE que medite esta triste situación, y que crea que sin un pronto remedio la República corre a su ruina; pues mi detención dondequiera en el Magdalena me hará gastar inútilmente los fondos del ejército, y se enfermarán y perecerán todos mis soldados”. Al mismo tiempo, informa Bolívar al secretario de Defensa de la Unión que el general Castillo “me llama general intruso, exterminador y previene al comandante general de la línea que me rechace como a un agresor, si intento adelantar mis marchas más allá de Mompox”.

7

Fracasan todas las iniciativas de diálogo o entendimiento adelantadas por Bolívar, quien asedia Cartagena. Siguen escaramuzas inciertas entre las fuerzas del Libertador y quienes quieren reducirlas a la pasividad. Bolívar renuncia a su pasión libertadora por evitar ser un pretexto para los fraccionalistas que abren las puertas al enemigo. El 8 de mayo manifiesta al Presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada: “Yo no seré más general: iré a vivir lejos de mis amigos y compatriotas y no moriré por la Patria. Pero habré hecho un nuevo servicio con darle la paz con mi ausencia. Si yo permaneciese aquí, la Nueva Granada se dividirá en partidos, y la guerra doméstica será eterna. Retirándome, no habrá más partido que el de la Patria y con ser uno siempre, será el mejor”.

8

Bolívar, Santiago Mariño, Pedro Briceño Méndez, los Carabaño y otros patriotas embarcan el día siguiente en el bergantín inglés Le Decouverte hacia el exilio en Jamaica, donde los enemigos del Libertador ya afilan cuchillos para asesinarlo.

¿Qué somos?


“¿Qué somos?” es la pregunta que nos formulamos tras cada cataclismo. Pocos pueblos han suscitado tantas y tan contradictorias definiciones como el venezolano. El cronista Caulín atribuyó a los caribes “el criarse demasiadamente libertosos y andar a su albedrío”, “Bravo pueblo” nos llamó el autor de un himno que inauguró la República y libertó seis países. “No somos indios, ni europeos, sino una especie media (…) somos un pequeño género humano”, afirmó Bolívar en la Carta de Jamaica. De “bárbaros” y “salvajes” nos tacharon los positivistas. Los populistas nos definieron sólo por carencias: hambrientos, ignorantes, enfermos, incapaces de mejorar por sí mismos. Durante el último cuarto de siglo, el bolivarianismo intentó contrarrestar esta colección de dicterios llamándonos antiimperialistas, patriotas, nacionalistas. Son elogios que requieren confirmación en los hechos.

Hacia 2017 publiqué El verdadero venezolano: mapa de la identidad nacional, intento de compendiar las conclusiones metodológicamente válidas sobre la personalidad básica de nuestros compatriotas, entendida esta como la suma de sus necesidades, creencias, valores, motivaciones, actitudes y conductas.

Pero la personalidad es el compendio de los rasgos que imprimen en el ser humano la sociedad y la cultura en la cual se desarrolla. Existen estructuras todavía más profundas de nuestro ser: la configuración biológica. Todas y cada una de nuestras células contiene una clave responsable de la estructura de nuestro organismo, testigo de la de nuestros antepasados y determinante de la de nuestra descendencia: el ADN o ácido desoxirribonucleico, código oculto que rige las especies, las razas, las debilidades, las fortalezas y quizá parte de las aptitudes de los seres.

Descendemos todos de la primera célula viviente. Para sobrevivir en un mundo cambiante, los organismos deben a su vez modificarse. La diversidad inagotable de la vida se debe a mutaciones ocurridas al azar en el material genético originario. Si estos cambios resultan eugénicos, es decir, favorecen la supervivencia y la reproducción, los descendientes viven y se multiplican. Si son disgénicos, acarrean la extinción.

La vida además desarrolla otro mecanismo para sobrevivir al cambio: genera seres individualmente únicos y diferentes por vía de la reproducción sexual. Esta combina los genes del padre y de la madre para engendrar cada criatura con una fórmula genética específica y exclusiva, que no se repite ni siquiera en los mellizos. De tal modo se evita en lo posible que un solo factor adverso, cambio ambiental, enfermedad o competencia de otros organismos elimine la totalidad de la especie. Nuestros genes son una especie de firma o clave mediante la cual perduran en nosotros nuestros antepasados. Descifrarla aporta informaciones irrecusables sobre nosotros y ellos.

El venezolano es resultado del mestizaje. Todos los pueblos lo son ¿pero de la mezcla entre quiénes, en cuál proporción y de qué género? En el censo de 2011, los encuestados se autoatribuyeron voluntariamente la inscripción en ciertas categorías étnicas en el porcentaje siguiente: Morenos, 51,6. Blancos: 43,6. Negros: 2,8. Afrodescendientes: 0,7. Otros: 1,2. Son elecciones subjetivas en categorías imprecisas. Quizá habría que recurrir a categorías objetivas integradas indeleblemente en la profundidad de nuestro organismo.

Este es el objetivo de la investigación Admixture estimates for Caracas, Venezuela, based on autosomal, Y-chromosome, and mtDNA markers, desarrollada en 2007 en el Ivic por Helios Martínez, Álvaro Rodríguez-Larralde, Mary Helen Izaguirre y Dinorah Castro de Guerra.

Como objeto del estudio se analizaron muestras de sangre de 60 pacientes en una clínica privada (a los cuales por tanto se atribuía un nivel socioeconómico alto), y muestras de 50 pacientes en una maternidad pública (a las cuales se atribuía un nivel socioeconómico bajo), ambas instituciones situadas en Caracas. A partir de 1951 nuestra población urbana supera a la rural, y la capital acoge nutridas migraciones externas e internas, por lo que podemos asumir que la muestra es representativa.

En ella, el estudio de los haplogrupos de los cromosomas de las personas de alto nivel socioeconómico revela un elevado componente de origen europeo (0,78) y un muy bajo componente africano subsahariano (0,06). El componente amerindio es casi inexistente.

El mismo estudio sobre los cromosomas de personas de quienes se presume un nivel socioeconómico bajo revela un mediano componente de origen europeo de 0,42, un componente africano subsahariano de 0,21 y un componente amerindio de 0,36.
Se puede observar que en las personas con alto nivel socioeconómico los haplogrupos de los cromosomas relativos al origen europeo (0,78) casi duplican a los de igual origen en las personas de escasos recursos (0,42).

Asimismo, en las personas de alto nivel socioeconómico los haplogrupos de cromosomas relativos al origen subsahariano (0,06) son menos de un tercio de los presentes en personas de bajo nivel económico (0,21).

Estos datos son susceptibles de lectura social, económica, histórica y política. Desde 1498, a lo largo de la conquista, la colonia, la República oligárquica, el liberalismo, las dictaduras positivistas, los populismos y parte de este siglo, pobladores de origen europeo coaccionaron, explotaron y a veces exterminaron a amerindios y afrodescendientes a fin de situarse en el alto nivel socioeconómico y permanecer en él.

Por otra parte, la proporción de herencia amerindia y subsahariana se localiza entre la muestra femenina, ya que el cromosoma Y se transmite sólo por esta vía. Ello evidencia un elevado número de uniones, voluntarias o forzadas, entre los varones de origen europeo y las mujeres de origen amerindio y subsahariano. Conquistadores, colonos y migrantes eran en su mayoría varones, y el ingreso de mujeres desde Europa al Nuevo Mundo siempre fue menor al de hombres.

El número de personas con nivel socioeconómico alto es muy inferior al de las de nivel socioeconómico bajo: quizá el perfil genético de estas últimas sea el que mejor representa al pueblo venezolano.

Somos un pueblo de conquistados y esclavizados que un día juró no volver jamás a serlo.