LA VOZ DE SAN JOAQUIN TU VOZ
jueves, septiembre 24, 2026
Delcy en la ONU: Venezuela ha iniciado un proceso de transformación democrática
La Jefa de Estado reafirmó la postura soberana del Estado venezolano y su compromiso histórico con el multilateralismo y la paz regional
Últimas Noticias 24 septiembre, 2026
En el marco del Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la presidenta de la República, Delcy Rodríguez, pronunció una alocución de gran trascendencia geopolítica ante el plenario internacional.
Durante su intervención, la jefa de Estado expuso la ruta de transformación democrática e innovación institucional que ha emprendido el país, reafirmando la postura soberana del Estado venezolano y su compromiso histórico con el multilateralismo, la estabilidad política y la paz regional.
A continuación, la transcripción íntegra del discurso pronunciado desde la sede del organismo internacional en Nueva York:
«Buenas tardes, distinguido Presidente de la 81 Asamblea General de las Naciones Unidas, distinguido Jefe de Estado, Jefe de Gobiernos y de Delegaciones. He estado en este estrado en distintos momentos de mi vida como funcionaria. Primero como Canciller, luego como Vicepresidenta Ejecutiva y ahora como Presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela.
En todos estos momentos han sido motivo de reflexión los grandes temas, aspiraciones y preocupaciones de la humanidad. La paz, el desarrollo, la igualdad, la crisis climática, el libre comercio, seguridad energética y más recientemente la inteligencia artificial. Sobre estos desafíos Venezuela ha mantenido y mantiene líneas muy claras.
Uno, su apego a la paz y el rechazo a la violencia, que sea el entendimiento y el diálogo sobre el conflicto. Creemos firmemente en el poder del entendimiento y el diálogo. Venezuela, que hoy sabe lo que es levantar a sus hijos de entre los escombros, extiende su solidaridad más profunda a todos los pueblos que sufren la guerra y reafirma sin ambigüedades que la paz, una paz justa, duradera, con dignidad para todas las partes, no es una aspiración ingenua, sino la única salida verdaderamente humana.
Dos, el desarrollo inclusivo con justicia social para mitigar la pobreza y aliviar el sufrimiento de cientos de millones de personas concentradas principalmente en el sur global. Sabemos que las sanciones socavan las libertades económicas, financieras y retardan el desarrollo humano. Tres, creemos en el respeto a los derechos de la naturaleza como única vía para la consagración de la vida humana.
Cuatro, de igual forma, el fracaso institucional del comercio global es evidente, porque ninguna nación puede prosperar bajo esquemas supranacionales que no promuevan la industria nacional y premien la deslocalización. Quinto, por otro lado, la estabilidad internacional exige resolver el trilema energético, garantizar simultáneamente la seguridad en el suministro, precios asequibles y sostenibilidad ambiental. Promover cronogramas de descarbonización forzados es una amenaza directa a la seguridad alimentaria, el empleo, la producción.
Debemos evitar colapsos industriales, quiebres productivos y costos energéticos insoportables para los pueblos. La seguridad energética se hace así imprescindible para el sostenimiento de la economía internacional y el desarrollo. Sin duda alguna, Venezuela juega y jugará un papel muy importante en esta fórmula internacional.
Resalto así el recién acuerdo binacional Estados Unidos-Venezuela como uno de los más grandes jamás suscritos y que contribuirá al equilibrio energético del hemisferio y de la economía internacional. Sexto, mención aparte la inteligencia artificial, que supone una verdadera revolución tecnológica. Estamos en presencia de un hito de transformación de la humanidad que bien empleada significará un desarrollo sin precedentes en la salud, en el ambiente, en los procesos productivos y en la vida en general de los seres humanos.
Los gobiernos, los sectores tecnológicos, la comunidad científica tenemos la inmensa responsabilidad de no desviar el propósito constructivo y vital de la AIA en beneficio de los ciudadanos, así como de no profundizar la brecha y la desigualdad digital en el mundo. Séptimo, no puedo dejar de mencionar en este espacio, sede de la legalidad internacional, nuestra reafirmación de los históricos derechos de Venezuela sobre la Guayana Esequiba y el llamado a la República Cooperativa de Guyana a resolver y volver a las negociaciones tal como lo ordena el Acuerdo de Ginebra. Los acuerdos que más perduran son los que provienen de negociaciones bilaterales, por encima de organismos externos.
Para quienes se preguntan de qué lado está Venezuela, ahí están nuestras líneas y referentes. Nuestro bando es uno solo, el de los ciudadanos del mundo que procuran su felicidad, su desarrollo y su libertad. Mucho se dice sobre Venezuela.
Muchos opinan sobre Venezuela. Algunos intentan interferir en los asuntos de Venezuela. Vengo a hablarles de una Venezuela cuya vida nacional ha estado afectada por una crisis de convivencia política que perturbó la vida nacional y nuestra interacción con el mundo.
Se impusieron intereses ajenos al bien común de los venezolanos. En 2026 Venezuela ha vivido dos grandes y dolorosas pruebas en su vida como nación. Una derivada del estrangulamiento de su vida política interna y la confrontación agudizada con los Estados Unidos de América.
Otra proveniente de la fiereza de la naturaleza, el doble terremoto del 24 de junio. A pesar de estos golpes de la vida tan fuertes como diría el poeta César Vallejo para los venezolanos y venezolanas, hoy Venezuela renace. Renace, resume la actitud de nuestro pueblo que ha asumido frente a estos acontecimientos.
La transformación de una relación política fundamentada en el diálogo, la negociación y la diplomacia. Por eso hoy Venezuela aspira con Estados Unidos, con sus vecinos, con todos los países de nuestro continente y de la comunidad internacional reconstruir y sostener relaciones de cooperación, respeto e igualdad. Quiero en esta 81ª Asamblea General de la ONU agradecer al presidente Donald Trump y a su gobierno por su disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación con Venezuela.
La última vez que dos presidentes de Venezuela y los Estados Unidos se reunieron fue en el año 2009. Hoy trabajamos seriamente para dirimir a través del diálogo las diferencias existentes pero principalmente para abonar los caminos para el relacionamiento energético, la promoción de seguridad, la lucha común contra el crimen transnacional y la cooperación económica en beneficio de ambos pueblos y de nuestro continente. Por otro lado, la reconstrucción material, moral y espiritual de nuestra patria azotada por una devastadora tragedia natural.
Quiero agradecer a todos los países de América, de Europa, de Asia, de África, de Medio Oriente, así como a todo el sistema de las Naciones Unidas que brindaron su solidaridad al pueblo venezolano durante las horas más oscuras causadas por el doble terremoto. Allí se sintió el verdadero espíritu fundador de esta organización. Hoy vengo a esta Asamblea como una hija más de Venezuela a presentar las aspiraciones de un país que busca construir su propio destino luego de conflictos políticos, en medio de bloqueo económico que impactó el modelo de desarrollo, inclusión e igualdad.
Durante demasiado tiempo fuimos un país dividido entre trincheras donde el color de una bandera partidista pesaba más que el apellido común que todos compartimos, venezolanos y venezolanas. Esta etapa debe cerrarse para dar inicio a un nuevo tiempo político basado en la verdad, la justicia y la capacidad de mirar hacia adelante juntos y encontrar en el diálogo político respetuoso un espacio genuino para dirimir las diferencias que como venezolanos tenemos, buscando siempre un horizonte a favor del país. Me complace anunciar que Venezuela ha iniciado un proceso de transformación democrática para su renacer.
Un proceso ordenado, institucional y verificable para construir un país más libre para todos, más próspero y más reconciliado consigo mismo. Un proceso de cambio político, económico, espiritual, de reformas estructurales para el renacer de Venezuela, para el renacer de nuestra nación, para el renacer de nuestro pueblo. Se trata de construir un país donde nadie tenga que ganar desconociendo al otro porque todos, especialmente los jóvenes que apenas empiezan su socialización política, somos Venezuela.
Tenemos que aspirar a una Venezuela cuya clase política esté íntimamente comprometida con los intereses nacionales por encima de cualquier cosa y no esté secuestrada por algoritmos mediáticos. Conozco muy bien a Venezuela. Agradezco a Dios la oportunidad que me ha brindado para conocer los espacios institucionales en distintos sectores de la vida pública.
Sé dónde están las puertas que se deben abrir para la transformación profunda de Venezuela y para la edificación de nuevas bases para una economía al servicio del desarrollo nacional, de una justicia cabal para todos sin distingo de clase social o política y de consolidar un sistema de justicia e igualdad social como lo concibió nuestro padre libertador Simón Bolívar. Quiero que de los escombros de la división levantemos los cimientos de una república nueva, plural, profundamente espiritual y en paz consigo misma, pero también en paz con un mundo lamentablemente cada día menos integrado. La historia nos ha enseñado que alguna de las transiciones democráticas más sólidas del mundo contemporáneo no nacieron de la ruptura, sino de la transformación conducida con firmeza desde las propias instituciones.
Esa es la inspiración, no la reproducción de una historia ajena ni pasada, sino el aprendizaje de una idea universal. La legalidad puede ser el camino hacia una legalidad mejor. Una nación no renace solamente reconstruyendo edificios, renace cuando reconstruye la confianza en sus instituciones.
Por eso quiero anunciar y reafirmar con precisión ante ustedes los pilares de este proceso. Primero, una reforma jurídica ordenada. Venezuela ha emprendido un proceso de revisión institucional para fortalecer el funcionamiento del Estado y poder brindar la seguridad jurídica que no sólo los inversionistas nacionales e internacionales necesitan, sino también nuestros ciudadanos, que no se sientan atropellados por un poder arbitrario, sino que esté a su servicio.
La reforma de la justicia y de su sistema es impostergable. Segundo, ejercicio responsable y plena de la política. Venezuela garantizará condiciones reales de participación para todas las fuerzas políticas del país.
La democracia no se mide por la existencia de elecciones. La democracia se mide por la calidad de la competencia que precede esas elecciones. Una elección debe ser una solución, no un generador de conflictos irreconciliables.
Quiero decirlo muy claro en esta Asamblea General. En Venezuela habrá elecciones. Y en esa dirección hemos iniciado un diálogo político con sectores de la oposición que conduzca un proceso en igualdad de condiciones para todos.
El pueblo venezolano, con su sabiduría ancestral, determinará el momento correcto y sus instituciones estarán preparadas para garantizar ese proceso inclusivo y transparente. Un país que no esté sometido a restricciones económicas de ningún tipo para que se garantice su derecho al desarrollo. El resto y las reacciones espasmódicas de adentro y de afuera forman parte del espectáculo que ya no quieren ver los venezolanos.
Venezuela definitivamente debe abandonar el camino que permitió que el extremismo y la intolerancia se impusieran sobre la convivencia democrática y pacífica. Y allí pido el acompañamiento de la comunidad internacional para que respalden de buena voluntad los cambios que Venezuela necesita desde el respeto a la autodeterminación de mi país. Venezuela quiere respirar libre, ejercer sus derechos como nación soberana sin ningún tipo de intromisión.
Una Venezuela admirada y respetada. Vengo a asumir hacia adelante una responsabilidad histórica. La de conducir a Venezuela desde una etapa de incertidumbre y conflicto hacia una etapa de democracia plena reconocida por su propio pueblo y por el mundo.
Una nueva etapa de bienestar para el renacer de Venezuela. A mi pueblo amado le digo, este no es el final de un discurso, es el comienzo de un compromiso. A la comunidad internacional le digo, Venezuela está lista para caminar de la mano de quienes crean en una relación internacional respetuosa sin intromisiones ni prejuzgamientos.
A los jóvenes que han crecido viendo un país fracturado y que muchas veces decidieron partir buscando lo que en nuestro país no encontraban, les digo que vale la pena creer de nuevo. Este es el momento de construir el país al que muchos quieran regresar y no solamente aquel del que muchos quisieron huir. Y a cada venezolano que hoy, en medio de la pérdida material o humana que dejó el terremoto, que se pregunta si vale la pena seguir de pie, les respondo que sí.
Que la fuerza de este pueblo no se mide en los momentos fáciles, sino precisamente en los momentos como este. Que de cada catástrofe que hemos vivido como nación, siempre hemos salido más unidos de lo que estábamos antes de que ocurriera. Venezolanos, no prometo un camino fácil.
La recuperación del país tomará un tiempo. La reconstrucción del alma nacional será nuestra prioridad. Caminaremos unidos como una sola nación que decidió, después del dolor, elegir la esperanza.
Que este momento político y geopolítico quede en la historia como el día en que decidimos levantarnos todos juntos para construir el renacer de Venezuela. Este 16 de diciembre se cumplirán 200 años del llamado angustiado del libertador Simón Bolívar al pueblo de Venezuela para salvarlo de la disolución, la división y la guerra civil. Dijo, venezolanos, seréis consultados para que digáis cuándo, dónde y en qué términos queréis celebrar la gran convención nacional.
Allí el pueblo ejercerá libremente su omnipotencia. Allí decretará sus leyes fundamentales. Tan sólo él conoce su bien y es dueño de su suerte, pero no un poderoso, ni un partido, ni una facción, sino el pueblo, el soberano.
Ni un poderoso, ni un partido, ni una facción. Todos juntos arrimemos, pues, nuestro esfuerzo para el renacimiento de la patria próspera que merecen nuestros hijos y nuestras hijas. Que Dios bendiga a Venezuela y que la unión de su pueblo sea, de ahora en adelante, nuestra bandera más grande para mostrar al mundo y para mostrar de lo que somos capaces los venezolanos de bien, dignos y con moral histórica para seguir adelante. Muchas gracias».
Ejércitos contra la independenci
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La situación es inaudita: fuerzas armadas republicanas operan como obstáculo que impide combatir al Imperio. Bolívar cumple una nueva Campaña Admirable. Desembarca en la Nueva Granada con apenas un puñado de oficiales patriotas, se justifica ante el gobierno local, gana su confianza, asume el mando del millar de reclutas que Urdaneta ha logrado llevar hasta Cúcuta y en acción fulminante el 11 de diciembre de 1814, libera la capital de lo que había sido el Virreinato de la Nueva Granada, Santa Fe de Bogotá.
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Parecería ocasión para disfrute y celebraciones. Pero el delirio de América no da reposo al Libertador. Su plan es tomar Santa Marta, Riohacha, Maracaibo, Coro, liberar Caracas y desde allí, por vía de Cúcuta desajojar al Imperio definitivamente de Colombia, de Quito, del Perú, del Nuevo Mundo. El gobierno patriota recién instalado en Bogotá le da la autorización. El 23 de diciembre de 1814 ya ordena Bolívar a los gobernantes de Mompox y Ocaña para trasladarse por el río Magdalena “hará VE reunir inmediatamente en el puerto de Honda todos los buques, con sus correspondientes bogas y pilotos que se encuentren en la jurisdicción de VE”.
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La leyenda finge que en una gesta independentista todo es estandartes, proclamas, cargas impetuosas. Pero la verdadera batalla se libra contra la falta de pertrechos, reclutas y tiempo. El 24 de diciembre, Bolívar escribe al presidente Custodio García Rovira: “Yo debo marchar de aquí dentro de quince días, a más tardar y si me retardo, la expedición contra Santa Marta puede tener lugar y frustrarse quizás; necesito que dé las órdenes convenientes para que se obedezcan las mías y para tomar las medidas previas que son indispensables. Si por parte del gobierno de Cartagena hubiere alguna novedad, yo me impondré para componerlo todo del mejor modo posible, en inteligencia de que llevando yo todas las facultades que se me deben dar, todo cederá a la política y la fuerza; pero si voy a sufrir contradicciones, por parte de los jefes militares y políticos, ni la expedición tendrá el logro que esperamos”.
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El Libertador multiplica diligencias. El 24 de diciembre incita al secretario de Guerra a rehabilitar el molino de la nitrería, pues “bajo la dirección de un hombre inteligente, producirá sin duda alguna más pólvora de la que quizás se necesitará, y el gobierno la tendrá a buen precio y de buena calidad (…).” A la comisión civil del Congreso en Cundinamarca recuerda “que existen en las cajas de diezmos veinticinco mil pesos, los cuales espero que ustedes manden tener en depósito, para que si al tiempo de salir no hay otros fondos para costear las marchas, sean aplicados a este objeto”. Participa al gobernador de Cundinamarca que a los españoles presos “he creído de justicia ponerles en libertad al paso que cada uno vaya contribuyendo con los donativos que han ofrecido (…)”. Manda a la autoridad de Zipaquirá que “Recoja VE todos los hombres solteros y robustos de la edad de catorce hasta treinta años, y remítalos al ejército (…)”. Cuatro días después impone empréstito forzoso de 200.000 pesos para pertrechar la expedición hacia Santa Marta. El 29 manda al secretario de Guerra de la Unión “que se busquen y aprehendan dondequiera los desertores, y que calificado que sea su delito, sean pasados por las armas”. Al ministro del Tesoro Público, José María Carbonell, exige que a quienes evadan el empréstito o se excusen “les hará usted entender que sus bienes serán pregonados hasta cubrir la cantidad asignada; y que sus personas serán inmediatamente destinadas al servicio de las armas (…)”. El primero de enero de 1815 ya prevé navegar río abajo por el Magdalena, a cuyo efecto ordena al oficial Fernando Carabaño: “Hará usted construir con toda actividad un número crecido de balsas para llevar la tropa”.
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Para tomar Santa Marta es indispensable el apoyo de Cartagena. Pero ocurre lo que Bolívar más temía: surgen “contradicciones por parte de los jefes militares y políticos”. El brigadier Manuel Castillo, jefe militar de la fortificada ciudad puerto, lo difama, desconoce su mando, ordena a sus subordinados no obedecerlo.
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Con ello, según reprocha el Libertador a Castillo el 19 de febrero, “al paso que no se obedece a la autoridad del gobierno nacional, se me atan las manos para obrar contra los enemigos, y se me esfuerza a ser un testigo pasivo del peligro de la República, sin que la puedan salvar las fuerzas que hay en el Bajo Magdalena, que según entiendo son bastante débiles. Ruego a VE que medite esta triste situación, y que crea que sin un pronto remedio la República corre a su ruina; pues mi detención dondequiera en el Magdalena me hará gastar inútilmente los fondos del ejército, y se enfermarán y perecerán todos mis soldados”. Al mismo tiempo, informa Bolívar al secretario de Defensa de la Unión que el general Castillo “me llama general intruso, exterminador y previene al comandante general de la línea que me rechace como a un agresor, si intento adelantar mis marchas más allá de Mompox”.
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Fracasan todas las iniciativas de diálogo o entendimiento adelantadas por Bolívar, quien asedia Cartagena. Siguen escaramuzas inciertas entre las fuerzas del Libertador y quienes quieren reducirlas a la pasividad. Bolívar renuncia a su pasión libertadora por evitar ser un pretexto para los fraccionalistas que abren las puertas al enemigo. El 8 de mayo manifiesta al Presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada: “Yo no seré más general: iré a vivir lejos de mis amigos y compatriotas y no moriré por la Patria. Pero habré hecho un nuevo servicio con darle la paz con mi ausencia. Si yo permaneciese aquí, la Nueva Granada se dividirá en partidos, y la guerra doméstica será eterna. Retirándome, no habrá más partido que el de la Patria y con ser uno siempre, será el mejor”.
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Bolívar, Santiago Mariño, Pedro Briceño Méndez, los Carabaño y otros patriotas embarcan el día siguiente en el bergantín inglés Le Decouverte hacia el exilio en Jamaica, donde los enemigos del Libertador ya afilan cuchillos para asesinarlo.
¿Qué somos?
“¿Qué somos?” es la pregunta que nos formulamos tras cada cataclismo. Pocos pueblos han suscitado tantas y tan contradictorias definiciones como el venezolano. El cronista Caulín atribuyó a los caribes “el criarse demasiadamente libertosos y andar a su albedrío”, “Bravo pueblo” nos llamó el autor de un himno que inauguró la República y libertó seis países. “No somos indios, ni europeos, sino una especie media (…) somos un pequeño género humano”, afirmó Bolívar en la Carta de Jamaica. De “bárbaros” y “salvajes” nos tacharon los positivistas. Los populistas nos definieron sólo por carencias: hambrientos, ignorantes, enfermos, incapaces de mejorar por sí mismos. Durante el último cuarto de siglo, el bolivarianismo intentó contrarrestar esta colección de dicterios llamándonos antiimperialistas, patriotas, nacionalistas. Son elogios que requieren confirmación en los hechos.
Hacia 2017 publiqué El verdadero venezolano: mapa de la identidad nacional, intento de compendiar las conclusiones metodológicamente válidas sobre la personalidad básica de nuestros compatriotas, entendida esta como la suma de sus necesidades, creencias, valores, motivaciones, actitudes y conductas.
Pero la personalidad es el compendio de los rasgos que imprimen en el ser humano la sociedad y la cultura en la cual se desarrolla. Existen estructuras todavía más profundas de nuestro ser: la configuración biológica. Todas y cada una de nuestras células contiene una clave responsable de la estructura de nuestro organismo, testigo de la de nuestros antepasados y determinante de la de nuestra descendencia: el ADN o ácido desoxirribonucleico, código oculto que rige las especies, las razas, las debilidades, las fortalezas y quizá parte de las aptitudes de los seres.
Descendemos todos de la primera célula viviente. Para sobrevivir en un mundo cambiante, los organismos deben a su vez modificarse. La diversidad inagotable de la vida se debe a mutaciones ocurridas al azar en el material genético originario. Si estos cambios resultan eugénicos, es decir, favorecen la supervivencia y la reproducción, los descendientes viven y se multiplican. Si son disgénicos, acarrean la extinción.
La vida además desarrolla otro mecanismo para sobrevivir al cambio: genera seres individualmente únicos y diferentes por vía de la reproducción sexual. Esta combina los genes del padre y de la madre para engendrar cada criatura con una fórmula genética específica y exclusiva, que no se repite ni siquiera en los mellizos. De tal modo se evita en lo posible que un solo factor adverso, cambio ambiental, enfermedad o competencia de otros organismos elimine la totalidad de la especie. Nuestros genes son una especie de firma o clave mediante la cual perduran en nosotros nuestros antepasados. Descifrarla aporta informaciones irrecusables sobre nosotros y ellos.
El venezolano es resultado del mestizaje. Todos los pueblos lo son ¿pero de la mezcla entre quiénes, en cuál proporción y de qué género? En el censo de 2011, los encuestados se autoatribuyeron voluntariamente la inscripción en ciertas categorías étnicas en el porcentaje siguiente: Morenos, 51,6. Blancos: 43,6. Negros: 2,8. Afrodescendientes: 0,7. Otros: 1,2. Son elecciones subjetivas en categorías imprecisas. Quizá habría que recurrir a categorías objetivas integradas indeleblemente en la profundidad de nuestro organismo.
Este es el objetivo de la investigación Admixture estimates for Caracas, Venezuela, based on autosomal, Y-chromosome, and mtDNA markers, desarrollada en 2007 en el Ivic por Helios Martínez, Álvaro Rodríguez-Larralde, Mary Helen Izaguirre y Dinorah Castro de Guerra.
Como objeto del estudio se analizaron muestras de sangre de 60 pacientes en una clínica privada (a los cuales por tanto se atribuía un nivel socioeconómico alto), y muestras de 50 pacientes en una maternidad pública (a las cuales se atribuía un nivel socioeconómico bajo), ambas instituciones situadas en Caracas. A partir de 1951 nuestra población urbana supera a la rural, y la capital acoge nutridas migraciones externas e internas, por lo que podemos asumir que la muestra es representativa.
En ella, el estudio de los haplogrupos de los cromosomas de las personas de alto nivel socioeconómico revela un elevado componente de origen europeo (0,78) y un muy bajo componente africano subsahariano (0,06). El componente amerindio es casi inexistente.
El mismo estudio sobre los cromosomas de personas de quienes se presume un nivel socioeconómico bajo revela un mediano componente de origen europeo de 0,42, un componente africano subsahariano de 0,21 y un componente amerindio de 0,36.
Se puede observar que en las personas con alto nivel socioeconómico los haplogrupos de los cromosomas relativos al origen europeo (0,78) casi duplican a los de igual origen en las personas de escasos recursos (0,42).
Asimismo, en las personas de alto nivel socioeconómico los haplogrupos de cromosomas relativos al origen subsahariano (0,06) son menos de un tercio de los presentes en personas de bajo nivel económico (0,21).
Estos datos son susceptibles de lectura social, económica, histórica y política. Desde 1498, a lo largo de la conquista, la colonia, la República oligárquica, el liberalismo, las dictaduras positivistas, los populismos y parte de este siglo, pobladores de origen europeo coaccionaron, explotaron y a veces exterminaron a amerindios y afrodescendientes a fin de situarse en el alto nivel socioeconómico y permanecer en él.
Por otra parte, la proporción de herencia amerindia y subsahariana se localiza entre la muestra femenina, ya que el cromosoma Y se transmite sólo por esta vía. Ello evidencia un elevado número de uniones, voluntarias o forzadas, entre los varones de origen europeo y las mujeres de origen amerindio y subsahariano. Conquistadores, colonos y migrantes eran en su mayoría varones, y el ingreso de mujeres desde Europa al Nuevo Mundo siempre fue menor al de hombres.
El número de personas con nivel socioeconómico alto es muy inferior al de las de nivel socioeconómico bajo: quizá el perfil genético de estas últimas sea el que mejor representa al pueblo venezolano.
Somos un pueblo de conquistados y esclavizados que un día juró no volver jamás a serlo.
jueves, septiembre 17, 2026
Proyectan un aumento de 60% en el consumo nacional de harina de maíz
16/09/26.- La Asociación Nacional de Supermercados y Autoservicios (ANSA) prevé que para el último mes de 2026 el consumo de harina de maíz precocida se incremente en 60% con relación al resto de los meses del año, especialmente por tratarse de uno de los ingredientes principales para la preparación de hallacas, el plato típico navideño, aseguró Ítalo Atencio presidente del gremio en entrevista radiofónica por Unión Radio.
Asimismo aseveró, “estamos hablando de 30 kilos de harina de maíz per cápita”, refiriéndose al consumo estimado para el mes de diciembre.
Hay que recordar que la demanda de este rubro está cubierto por la producción nacional y, a nivel de supermercados, los consumidores tienen una gran oferta de marcas para escoger.
Igualmente, el presidente de ANSA comparó la cifra con el consumo de arroz, el cual representa 22 kilos por persona; el de queso, calculado en 8 kilogramos per cápita, y 4kg, que representa el consumo de margarina.
También estimó, en cuanto a la venta de perniles en supermercados (una de las proteínas de consumo tradicional en la época navideña), que la misma podría llegar a comercializar hasta 3.000 toneladas.
De igual modo, puntualizó que la distribución de pernil dependerá del precio y la disponibilidad durante los meses de octubre y noviembre. Estando tan cerca del trimestre final del año, ya comenzará a moverse la cadena de distribución y comercialización tanto privada como la que está en manos del Estado.

Más marcas y más supermercados
Cabe resaltar que el presidente de ANSA señaló, recientemente, que hay más marcas de artículos locales y más supermercados en el país producto de la nueva realidad económica que se atraviesa.
Afirmó que en Venezuela han abierto, remodelado o cambiado de modelo de negocio 77 supermercados, y agregó que el estado Zulia es la segunda entidad del país con más apertura de tiendas en lo que va de 2026.
Este sector tiene una explosión de actividad debido a la apuesta de los empresarios locales y a la casi segura presencia de inversionistas foráneos.
JUAN CARLOS PEÑALVER / CIUDAD CCS
El país irá a reunión energética del G20 en Texas
La administración de Trump considera “imperativa” la participación del país en estas conversaciones internacionales.
Odry Farnetano 15 septiembre, 2026
Venezuela participará en las reuniones del G20 sobre energía que se celebra hasta mañana en Houston (Texas), por invitación del Gobierno norteamericano.
La delegación encabezada previsiblemente por la ministra de Hidrocarburos, Paula Henao, y el vicepresidente ejecutivo de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa), Jovanny Martínez, asistirá a varios encuentros bilaterales, actividades paralelas organizadas por el Gobierno estadounidense y conversaciones con representantes de la industria, aunque no tiene previsto estar en las reuniones oficiales a puerta cerrada, según agencias.
La administración de Trump considera “imperativa” la participación del país en estas conversaciones internacionales.
La visita de esta semana será, además, al menos la tercera de Henao a Houston este año, como parte de la campaña para atraer inversión extranjera al país.
Venezuela reafirma su liderazgo energético global en Reunión sobre Abundancia Energética del G20
La delegación venezolana liderada por la ministra Paula Henao participa en la Reunión Ministerial sobre Abundancia Energética del G20
Amarilis Palacios 16 septiembre, 2026
Una delegación venezolana liderada por la ministra del Poder Popular de Hidrocarburos, Paula Henao, participa en la Reunión Ministerial sobre Abundancia Energética del G20, celebrada en Houston, Estados Unidos.
La presencia de la nación en este foro internacional responde a su posición geopolítica estratégica en el mapa energético, sustentada en poseer las mayores reservas probadas de petróleo del planeta y un volumen significativo de reservas de gas natural que la ubican en el top 10 global, refiere el Ministerio de Hidrocarburos.
«Venezuela acude a este foro con la fortaleza de poseer las mayores reservas probadas de crudo del planeta y un potencial gasífero de primer orden», informó la ministra Henao a través de la red social Instagram.
La delegación venezolana está integrada por el ministro del Poder Popular de Desarrollo Minero Ecológico e Industrias Básicas, Héctor Silva; el vicepresidente ejecutivo de Petróleos de Venezuela (PDVSA), Jovanny Martínez; la viceministra de Gas, Cindy Rondón, y el viceministro de Petroquímica y Refinación, Carlos Canelón.
Asimismo, Henao destacó que bajo las orientaciones de la presidenta Delcy Rodríguez y como parte de una agenda de intercambios técnicos orientados a ratificar el papel determinante de Venezuela en la ecuación energética mundial, “sostuvimos una reunión privada de alto nivel con el secretario del Interior, Doug Burgum, y el secretario de Energía de los Estados Unidos, Chris Wright, así como importantes encuentros con otros representantes del sector energético y líderes empresariales”.
Los representantes venezolanos también han participado en los eventos paralelos del foro, entre los que destacan el Simposio sobre Asuntos Regulatorios de la Agencia de Protección Ambiental de EEUU. (EPA) y el encuentro organizado por el Departamento del Interior sobre Minerales Críticos y Cadenas de Suministro Resilientes.
Venezuela e India fortalecen cooperación estratégica para el desarrollo agrícola
María Eugenia Rodríguez
15 septiembre, 2026
El ministro del Poder Popular para la Agricultura y Tierras, Vladimir Padrino López, informó este martes que sostuvo un encuentro con el embajador de la India en el país, P.K. Ashok Babu, con el objetivo de fortalecer la agenda de cooperación centrada en el desarrollo del sector agrícola.
A través de sus cuentas en redes sociales, el ministro explicó que esta reunión de trabajo se realizó en el marco del seguimiento de los acuerdos estratégicos alcanzados tras la visita oficial de la presidenta Delcy Rodríguez al país asiático el pasado 3 de junio.
Estos acuerdos tienen como fin impulsar la economía productiva y abrir nuevos espacios de intercambio bilateral.
«Juntos revisamos la agenda de cooperación en materia agrícola, como el posicionamiento de nuestro café y cacao; alianzas estratégicas para el mejoramiento de la genética bufalina, la modernización rural y otros temas de interés común para el beneficio de ambos países», destacó.
Además, Padrino López precisó que ambas partes abordaron con optimismo las posibilidades de capacitación técnica para los productores del sur global.
sábado, agosto 08, 2026
Evalúan plan para reactivar Chichiriviche de la Costa
La ministra Daniella Cabello refirió que "aunque la zona no sufrió daños significativos, sí ha disminuido la actividad turística" luego de los sismos
ÚLTIMAS NOTICIAS 7 AGOSTO, 2026
Con miras a reactivar la actividad económica en Chichiriviche, la ministra para el Turismo, Daniella Cabello, se reunió con productores, emprendedores y prestadores de servicios turísticos a fin de evaluar las potencialidades de la zona.
En ese sentido, en su cuenta en la red social de Instagram, la titular de Turismo señaló que «Chichiriviche de la Costa es un pueblo que enamora por sus playas, su gente y su extraordinario potencial para el turismo de naturaleza y aventura: buceo, snorkel, kayak, paddle, paseos en lancha y experiencias que permiten descubrir uno de los rincones más hermosos del litoral venezolano».
Dijo que recorrió las calles de la población para «conversar con sus prestadores de servicios turísticos, visitar sus posadas, restaurantes y emprendedores».
Destacó que, tras los dos terremotos del pasado 24 de junio, la comunidad no sufrió mayores daños estructurales, pero, está viviendo las consecuencias de una economía que se ha desacelerado en todo el estado. «Cuando disminuyen los visitantes, también se afectan las familias que viven del turismo», precisó.
Subrayó que la recuperación también significa acompañar a estas comunidades, escuchar sus necesidades y construir, junto a ellas, soluciones que permitan reactivar progresivamente su actividad económica, siempre con seguridad y planificación.
«Chichiriviche de la Costa tiene todo para seguir siendo un orgullo de La Guaira y de Venezuela. Y vamos a trabajar para que así sea», concluyó.
Continúan las conversaciones con delegación de la Asamblea Nacional de 2015 (Tacito Reconocimiento a la representacion de Trump=Guaido
Los temas centrales en esta primera sesión son la atención a las víctimas del terremoto, fortalecer la democracia y derechos y garantías públicas
Contenido
El coordinador del diálogo por el Gobierno Nacional y presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, actualizó este viernes los adelantos del proceso de diálogo con la delegación de la Asamblea Nacional de 2015 y aportó que ambas partes acordaron la metodología, los ciclos de trabajo y ratificaron la agenda de temas que abordarán. “Continúan las conversaciones”, escribió en sus redes sociales.
Este 6 de agosto, Rodríguez informó sobre el comienzo formal del proceso de diálogo a través de un comunicado donde explicó que en el primer ciclo de trabajo estarán en sesión permanente hasta el próximo 12 de agosto, y que se definirá la continuidad de las plenarias, tomando en consideración la prioridad que tiene este proceso para el bienestar de los venezolanos y venezolanas.
Informar oportunamente a todo el país sobre los avances alcanzados
Además, indicó que las dos delegaciones acordaron informar oportunamente a todo el país sobre los avances alcanzados.
La plenaria se instaló en el Centro de Convenciones Parque Simón Bolívar, en La Carlota. La delegación del Gobierno fue integrada por el presidente de la Asamblea Nacional junto a Ana María San Juan, ministra de Educación Universitaria; y los diputados Jorge Arreaza, América Pérez, Génesis Garvett y Pedro Infante.
Cabe recordar que el pasado sábado, Rodríguez anunció el inicio de un proceso de diálogo político “inclusivo y efectivo” con este sector de la oposición venezolana, tras mantener una conversación telefónica con la representante opositora Dinorah Figuera.
Metas claras y verificables
Rodríguez destacó que se ha establecido una agenda de trabajo con “metas claras y verificables”, y que los temas centrales que se abordarán en esta primera sesión de trabajo son:– Atención a las víctimas del doble terremoto.
– Fortalecimiento de la democracia.
– Derechos y garantías políticas.
El documento también detalla la conformación de la delegación del Ejecutivo, bajo el mandato de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. El equipo estará coordinado por el diputado Jorge Rodríguez e integrado por los siguientes representantes:– Ana María San Juan
– Jorge Arreaza
– América Pérez
– Génesis Garvett
– Pedro Infante
Por su parte, la delegación de la oposición estará integrada, además de Figuera, por:– Marco Aurelio Quiñones
– Ramón López
– Jorge Millán
– Juan Miguel Matheus
– Sergio Vergara
También contará con una comisión de apoyo conformada por Macario González, Julio César Moreno, Desiree Barboza y Elimar Díaz.
El abismo emocional tras el terremoto
El polvo ya se ha asentado, pero una réplica más profunda y silenciosa sacude a Venezuela. Las cifras oficiales hablan de pérdidas materiales y víctimas fatales, pero hay una devastación que no se mide en toneladas de escombros: la de la psique de una nación que, incluso antes de que la tierra temblara, ya vivía en estado de emergencia emocional. Lo que enfrentamos hoy no es solo una crisis de salud mental individual, sino un cuadro de depresión colectiva que amenaza con paralizar la reconstrucción del país.
Para entender el fenómeno colectivo, primero debemos trazar la frontera de la patología individual. La depresión clínica dista mucho de una simple “tristeza pasajera”. Es un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por una anhedonia profunda (incapacidad de sentir placer), fatiga crónica, alteraciones del sueño y del apetito, sentimientos de culpa, inutilidad y una visión desesperanzada del futuro. A nivel cognitivo, la persona experimenta una ralentización del pensamiento y una incapacidad para concentrarse o tomar decisiones. En su forma más grave, viene acompañada de ideación suicida recurrente.
En el contexto de un desastre natural, estos síntomas no son inmediatos en todos los casos. Las primeras semanas están dominadas por el instinto de supervivencia y la respuesta aguda de estrés. Es el “estado de shock”. Luego, cuando el silencio sepulcral reemplaza al estruendo de las sirenas, emerge la verdadera herida. Y ahí es donde nos encontramos ahora.
Es difícil hablar de números precisos un mes después del evento. Sin embargo, la psiquiatría de desastres nos ofrece proyecciones claras y aterradoras. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) estima que, tras un sismo devastador, hasta el 25% de la población afectada puede desarrollar trastorno de estrés postraumático, y una proporción similar, trastornos depresivos mayores en los meses subsiguientes. Aquí, cuando hablamos de población afectada, incluimos a todos los que vivieron el terremoto. ¿Cuántos venezolanos vivieron el terremoto?
Pero Venezuela no parte de cero. Arrastrábamos una preexistencia de sobrevivencia y negatividad muy extendida. La crisis compleja que hemos vivido había ya cronificado la angustia. El terremoto actuó como un acelerador brutal de un proceso de desgaste psíquico ya en marcha. Ahora, los reportes de los psicólogos voluntarios en los albergues hablan de un síntoma dominante: el llanto sin motivo aparente y un vacío que no se llena ni siquiera al recibir ayuda humanitaria, además del negarse el afectado a hablar de lo ocurrido.
¿Es correcto hablar de “depresión colectiva”? No es un diagnóstico clínico, sino un síndrome psicosocial. Lo colectivo no es la suma de depresiones individuales, sino un fenómeno emergente. Una comunidad desarrolla un estado de ánimo compartido de indefensión aprendida. Es cuando un grupo social siente que, sin importar lo que haga, que el resultado será trágico o negativo.
Se manifiesta como una cultura de la desesperanza, desaparecen las conversaciones sobre proyectos a largo plazo, se instaura un silencio apesadumbrado, una soledad pesada y la previsión y la expectativa se reduce al día a día y dándose la pérdida del deseo de encuentro. Es una parálisis del tejido social.
Y la depresión colectiva post-terremoto se alimenta de tres venenos:
1. El duelo masivo y no resuelto. Familias enteras sepultadas, rituales funerarios incompletos que impiden el cierre del ciclo emocional. A esto se puede agregar el asombro del que quedó vivo.
2. La ruptura del “apego al lugar”. La casa no era solo un techo; era la memoria, la identidad. Su destrucción fractura la biografía personal. A esto sumamos un contexto urbano destruido al que hacías inconscientemente referencia y te ofrecía una normalidad que ya no existe.
3. La ruptura de la inconsciencia. El terremoto no solo fracturó edificios, sino la última fibra de contención simbólica. Se experimentó en esas horas críticas una verdad más devastadora que el movimiento telúrico: nuestra fragilidad. Nuestra infinita fragilidad y de todo lo que consideramos como real y valioso. Que en un momento la vida cambia. Y con esto la confirmación de que el tejido protector que une a una sociedad ya está desgarrado. Nada puede evitar la impresión de «estamos solos». Y sobre ese vacío de protección, la depresión colectiva encuentra su caldo de cultivo más fértil.
¿Cuánto dura? Un duelo colectivo por un desastre natural de esta magnitud suele tener una fase aguda de 3 a 6 meses. Pero si no hay intervención psicosocial masiva y efectiva, la depresión colectiva puede cronificarse durante años. Se convierte en un rasgo cultural, una “tristeza heredada” que se transmite intergeneracionalmente. El riesgo para Venezuela es pasar a ser un país funcionalmente deprimido.
La historia nos advierte de lo que podría ocurrir:
– Chile, 2010: Tras el terremoto, las autoridades chilenas enfrentaron no solo la reconstrucción física, sino un pico de suicidios en las zonas devastadas. La depresión post-desastre fue tan evidente que el gobierno tuvo que desplegar un programa nacional de salud mental específico para catástrofes, aprendiendo que sin salud mental, no hay reconstrucción.
– Nueva Orleans, 2005 (Katrina): El huracán destapó un fenómeno conocido como “duelo ambiental”. Años después del desastre, los habitantes presentaban lo que los médicos llamaron el “síndrome de Katrina”: una combinación de depresión, hipertensión y diabetes tipo 2, demostrando que el estrés colectivo no resuelto se somatiza en el cuerpo.
– Haití, 2010: El terremoto haitiano es el espejo más oscuro. La magnitud de la muerte, combinada con la pobreza extrema, generó una población atrapada en la anhedonia. Diez años después, los estudios psicosociales mostraban que la depresión se había normalizado como estado basal de la población, dificultando cualquier proyecto de desarrollo.
En Venezuela, el peligro es la sinergia letal entre una crisis cíclica y un trauma agudo. Lo que puede suceder ya está sucediendo en los albergues: la inmovilidad. La gente no solo está esperando una caja de alimentos o que los protejan o un lugar donde dormir; está perdiendo la iniciativa de su vida.
El riesgo inminente es el colapso del llamado “capital social”. Si la depresión colectiva se consolida, veremos un aumento de la migración irregular como acto de huida desesperada, pero no planificada. Veremos también el aumento de la violencia intrafamiliar como válvula de escape de una frustración sin palabras. Y veremos, sobre todo, la aceptación pasiva de un no futuro o del sálvese quien pueda. La frase “esto es lo que hay” es el síntoma clínico de una sociedad deprimida.
Para evitarlo, la ayuda humanitaria no puede limitarse a dar agua, carpas, medicina general o “mucho amor y comprensión”. Se requiere una intervención psicosocial de base comunitaria con objetivos claros y medibles: reducir la prevalencia de la indefensión aprendida, restaurar la cohesión social y devolver la capacidad de acción a los sobrevivientes. Esto es enfrentar a tres gigantes. E implica aplicar una metodología estandarizada y escalable, como la de los Primeros Auxilios Psicológicos de la OMS, combinada con el modelo de grupos de apoyo, donde las comunidades no solo reciben terapia, sino que se convierten en su propia red de contención y detección precoz de casos graves.
La intervención psicosocial de base comunitaria debe partir de una comprensión radical de lo que el trauma produce en la psique: el individuo está parcial o totalmente desintegrado, y debe reintegrarse en lo posible respetando sus tiempos. El terremoto no solo derrumbó paredes; hizo añicos la continuidad del ser. Memorias, sensaciones, afectos y percepciones quedan dispersos como esquirlas, desconectados entre sí y del presente. Sin embargo, en medio de esa fragmentación, la estructura del yo se mantiene milagrosamente. Es ese núcleo el que hay que alcanzar, proteger y fortalecer.
La intervención psicosocial de base debe tener un objetivo clínico primordial: atenuar las impresiones y vivencias traumáticas a fin de que dejen de tener efectos negativos sobre el presente de la persona afectada
No se trata de revivir el horror ni de forzar narrativas catárticas prematuras, sino de ayudar al sobreviviente a recoger sus propias partes rotas y anclarlas en el aquí y ahora, donde el peligro ya pasó, aunque su sistema nervioso siga actuando como si la tierra aún temblara.
Para ello, es fundamental restaurar la relación con el cuerpo y con el yo, dos dimensiones que el trauma disocia: el cuerpo se convierte en un extraño que duele sin razón, y la identidad queda sepultada bajo los escombros de lo perdido. Técnicas de respiración consciente y técnicas de eliminación de traumas, insomnio y ansiedad, que permitan que la persona recupere poco a poco la sensación de habitar, de que ese yo milagrosamente preservado pueda reconocerse otra vez en su propia piel.
Restaurar en lo posible el sueño es otra prioridad clínica, pues sin descanso reparador el cerebro no procesa el duelo ni consolida la memoria no traumática. Pero al mismo tiempo, es necesario dejar que las personas cumplan y desarrollen su luto. No hay cura sin llanto, sin rabia expresada, sin el permiso de nombrar a los muertos y despedirlos con el ritual que sea posible. Para esto se requieren momentos de apoyo terapéutico sostenidos en el tiempo, no intervenciones aisladas o inmediatistas. Se vuelven importantes los espacios grupales donde el dolor encuentre testigos, no soluciones; donde la palabra rota pueda reconstruirse. Y luego, cumplido este tránsito, viene la inmensa tarea de intentar rehacer su vida. Ahí es donde el programa debe integrar el mejoramiento de las capacidades de trabajo y emprendimiento, no como una mera estrategia económica, sino como un acto de resignificación existencial: volver a construir algo con las propias manos es la prueba más tangible de que el yo reintegrado puede proyectarse hacia adelante, que el futuro aún puede ser habitado.
Hay una sombra que se cierne sobre cualquier desastre de esta magnitud y que debe ser nombrada sin eufemismos: el incremento de suicidios. Lejos de ser una anomalía, constituye una consecuencia esperable en el complejo proceso de duelo colectivo. La literatura científica en psiquiatría de desastres documenta aumentos significativos en las tasas de suicidio durante los dos años posteriores a un terremoto devastador. No es un acto de cobardía ni un pecado; es la salida que le queda a una persona que se siente radicalmente desamparada ante el dolor insoportable de una pérdida inimaginable, inenarrable e invivible.
Lo inenarrable no es solo lo que no se puede decir; es aquello para lo cual no existen palabras porque el hecho mismo destruyó el lenguaje que podría nombrarlo. Lo invivible no es la muerte propia, sino la imposibilidad de seguir habitando una vida donde el otro —el hijo, la pareja, los padres o todos— ya no está. Frente a este riesgo, la vigilancia comunitaria es tan vital como el agua potable. Se necesitan protocolos de detección de ideación suicida en los albergues, acompañamiento continuo a personas en duelo complicado y, sobre todo, una red de oyentes entrenados que sostengan sin juzgar. Porque quien ha perdido las ganas de vivir no necesita discursos de esperanza prefabricada; necesita a alguien capaz de permanecer junto a su abismo sin huir. Necesita, en el sentido más profundo y literal, que no lo dejen solo.
Ahora, hay que señalar que toda intervención psicológica que se precie en un desastre debe ir acompañada de una urgencia económica: no hay salud mental sin un plato de comida, pero tampoco la hay sin un propósito.
El tener un objetivo es el verdadero antídoto contra la depresión colectiva: restaurar la creencia de que la propia acción puede modificar la realidad. Ahora esto debería ser un plan a mediano y largo plazo, lo que va en contra de nuestra cultura inmediatista.
El terremoto mató miles de cuerpos. La depresión colectiva, si no se atiende con inteligencia clínica y económica, matará el alma de muchos. Y un país sin alma no se reconstruye, simplemente vegeta sobre sus propias ruinas.
Para entender el fenómeno colectivo, primero debemos trazar la frontera de la patología individual. La depresión clínica dista mucho de una simple “tristeza pasajera”. Es un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por una anhedonia profunda (incapacidad de sentir placer), fatiga crónica, alteraciones del sueño y del apetito, sentimientos de culpa, inutilidad y una visión desesperanzada del futuro. A nivel cognitivo, la persona experimenta una ralentización del pensamiento y una incapacidad para concentrarse o tomar decisiones. En su forma más grave, viene acompañada de ideación suicida recurrente.
En el contexto de un desastre natural, estos síntomas no son inmediatos en todos los casos. Las primeras semanas están dominadas por el instinto de supervivencia y la respuesta aguda de estrés. Es el “estado de shock”. Luego, cuando el silencio sepulcral reemplaza al estruendo de las sirenas, emerge la verdadera herida. Y ahí es donde nos encontramos ahora.
Es difícil hablar de números precisos un mes después del evento. Sin embargo, la psiquiatría de desastres nos ofrece proyecciones claras y aterradoras. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) estima que, tras un sismo devastador, hasta el 25% de la población afectada puede desarrollar trastorno de estrés postraumático, y una proporción similar, trastornos depresivos mayores en los meses subsiguientes. Aquí, cuando hablamos de población afectada, incluimos a todos los que vivieron el terremoto. ¿Cuántos venezolanos vivieron el terremoto?
Pero Venezuela no parte de cero. Arrastrábamos una preexistencia de sobrevivencia y negatividad muy extendida. La crisis compleja que hemos vivido había ya cronificado la angustia. El terremoto actuó como un acelerador brutal de un proceso de desgaste psíquico ya en marcha. Ahora, los reportes de los psicólogos voluntarios en los albergues hablan de un síntoma dominante: el llanto sin motivo aparente y un vacío que no se llena ni siquiera al recibir ayuda humanitaria, además del negarse el afectado a hablar de lo ocurrido.
¿Es correcto hablar de “depresión colectiva”? No es un diagnóstico clínico, sino un síndrome psicosocial. Lo colectivo no es la suma de depresiones individuales, sino un fenómeno emergente. Una comunidad desarrolla un estado de ánimo compartido de indefensión aprendida. Es cuando un grupo social siente que, sin importar lo que haga, que el resultado será trágico o negativo.
Se manifiesta como una cultura de la desesperanza, desaparecen las conversaciones sobre proyectos a largo plazo, se instaura un silencio apesadumbrado, una soledad pesada y la previsión y la expectativa se reduce al día a día y dándose la pérdida del deseo de encuentro. Es una parálisis del tejido social.
Y la depresión colectiva post-terremoto se alimenta de tres venenos:
1. El duelo masivo y no resuelto. Familias enteras sepultadas, rituales funerarios incompletos que impiden el cierre del ciclo emocional. A esto se puede agregar el asombro del que quedó vivo.
2. La ruptura del “apego al lugar”. La casa no era solo un techo; era la memoria, la identidad. Su destrucción fractura la biografía personal. A esto sumamos un contexto urbano destruido al que hacías inconscientemente referencia y te ofrecía una normalidad que ya no existe.
3. La ruptura de la inconsciencia. El terremoto no solo fracturó edificios, sino la última fibra de contención simbólica. Se experimentó en esas horas críticas una verdad más devastadora que el movimiento telúrico: nuestra fragilidad. Nuestra infinita fragilidad y de todo lo que consideramos como real y valioso. Que en un momento la vida cambia. Y con esto la confirmación de que el tejido protector que une a una sociedad ya está desgarrado. Nada puede evitar la impresión de «estamos solos». Y sobre ese vacío de protección, la depresión colectiva encuentra su caldo de cultivo más fértil.
¿Cuánto dura? Un duelo colectivo por un desastre natural de esta magnitud suele tener una fase aguda de 3 a 6 meses. Pero si no hay intervención psicosocial masiva y efectiva, la depresión colectiva puede cronificarse durante años. Se convierte en un rasgo cultural, una “tristeza heredada” que se transmite intergeneracionalmente. El riesgo para Venezuela es pasar a ser un país funcionalmente deprimido.
La historia nos advierte de lo que podría ocurrir:
– Chile, 2010: Tras el terremoto, las autoridades chilenas enfrentaron no solo la reconstrucción física, sino un pico de suicidios en las zonas devastadas. La depresión post-desastre fue tan evidente que el gobierno tuvo que desplegar un programa nacional de salud mental específico para catástrofes, aprendiendo que sin salud mental, no hay reconstrucción.
– Nueva Orleans, 2005 (Katrina): El huracán destapó un fenómeno conocido como “duelo ambiental”. Años después del desastre, los habitantes presentaban lo que los médicos llamaron el “síndrome de Katrina”: una combinación de depresión, hipertensión y diabetes tipo 2, demostrando que el estrés colectivo no resuelto se somatiza en el cuerpo.
– Haití, 2010: El terremoto haitiano es el espejo más oscuro. La magnitud de la muerte, combinada con la pobreza extrema, generó una población atrapada en la anhedonia. Diez años después, los estudios psicosociales mostraban que la depresión se había normalizado como estado basal de la población, dificultando cualquier proyecto de desarrollo.
En Venezuela, el peligro es la sinergia letal entre una crisis cíclica y un trauma agudo. Lo que puede suceder ya está sucediendo en los albergues: la inmovilidad. La gente no solo está esperando una caja de alimentos o que los protejan o un lugar donde dormir; está perdiendo la iniciativa de su vida.
El riesgo inminente es el colapso del llamado “capital social”. Si la depresión colectiva se consolida, veremos un aumento de la migración irregular como acto de huida desesperada, pero no planificada. Veremos también el aumento de la violencia intrafamiliar como válvula de escape de una frustración sin palabras. Y veremos, sobre todo, la aceptación pasiva de un no futuro o del sálvese quien pueda. La frase “esto es lo que hay” es el síntoma clínico de una sociedad deprimida.
Para evitarlo, la ayuda humanitaria no puede limitarse a dar agua, carpas, medicina general o “mucho amor y comprensión”. Se requiere una intervención psicosocial de base comunitaria con objetivos claros y medibles: reducir la prevalencia de la indefensión aprendida, restaurar la cohesión social y devolver la capacidad de acción a los sobrevivientes. Esto es enfrentar a tres gigantes. E implica aplicar una metodología estandarizada y escalable, como la de los Primeros Auxilios Psicológicos de la OMS, combinada con el modelo de grupos de apoyo, donde las comunidades no solo reciben terapia, sino que se convierten en su propia red de contención y detección precoz de casos graves.
La intervención psicosocial de base comunitaria debe partir de una comprensión radical de lo que el trauma produce en la psique: el individuo está parcial o totalmente desintegrado, y debe reintegrarse en lo posible respetando sus tiempos. El terremoto no solo derrumbó paredes; hizo añicos la continuidad del ser. Memorias, sensaciones, afectos y percepciones quedan dispersos como esquirlas, desconectados entre sí y del presente. Sin embargo, en medio de esa fragmentación, la estructura del yo se mantiene milagrosamente. Es ese núcleo el que hay que alcanzar, proteger y fortalecer.
La intervención psicosocial de base debe tener un objetivo clínico primordial: atenuar las impresiones y vivencias traumáticas a fin de que dejen de tener efectos negativos sobre el presente de la persona afectada
No se trata de revivir el horror ni de forzar narrativas catárticas prematuras, sino de ayudar al sobreviviente a recoger sus propias partes rotas y anclarlas en el aquí y ahora, donde el peligro ya pasó, aunque su sistema nervioso siga actuando como si la tierra aún temblara.
Para ello, es fundamental restaurar la relación con el cuerpo y con el yo, dos dimensiones que el trauma disocia: el cuerpo se convierte en un extraño que duele sin razón, y la identidad queda sepultada bajo los escombros de lo perdido. Técnicas de respiración consciente y técnicas de eliminación de traumas, insomnio y ansiedad, que permitan que la persona recupere poco a poco la sensación de habitar, de que ese yo milagrosamente preservado pueda reconocerse otra vez en su propia piel.
Restaurar en lo posible el sueño es otra prioridad clínica, pues sin descanso reparador el cerebro no procesa el duelo ni consolida la memoria no traumática. Pero al mismo tiempo, es necesario dejar que las personas cumplan y desarrollen su luto. No hay cura sin llanto, sin rabia expresada, sin el permiso de nombrar a los muertos y despedirlos con el ritual que sea posible. Para esto se requieren momentos de apoyo terapéutico sostenidos en el tiempo, no intervenciones aisladas o inmediatistas. Se vuelven importantes los espacios grupales donde el dolor encuentre testigos, no soluciones; donde la palabra rota pueda reconstruirse. Y luego, cumplido este tránsito, viene la inmensa tarea de intentar rehacer su vida. Ahí es donde el programa debe integrar el mejoramiento de las capacidades de trabajo y emprendimiento, no como una mera estrategia económica, sino como un acto de resignificación existencial: volver a construir algo con las propias manos es la prueba más tangible de que el yo reintegrado puede proyectarse hacia adelante, que el futuro aún puede ser habitado.
Hay una sombra que se cierne sobre cualquier desastre de esta magnitud y que debe ser nombrada sin eufemismos: el incremento de suicidios. Lejos de ser una anomalía, constituye una consecuencia esperable en el complejo proceso de duelo colectivo. La literatura científica en psiquiatría de desastres documenta aumentos significativos en las tasas de suicidio durante los dos años posteriores a un terremoto devastador. No es un acto de cobardía ni un pecado; es la salida que le queda a una persona que se siente radicalmente desamparada ante el dolor insoportable de una pérdida inimaginable, inenarrable e invivible.
Lo inenarrable no es solo lo que no se puede decir; es aquello para lo cual no existen palabras porque el hecho mismo destruyó el lenguaje que podría nombrarlo. Lo invivible no es la muerte propia, sino la imposibilidad de seguir habitando una vida donde el otro —el hijo, la pareja, los padres o todos— ya no está. Frente a este riesgo, la vigilancia comunitaria es tan vital como el agua potable. Se necesitan protocolos de detección de ideación suicida en los albergues, acompañamiento continuo a personas en duelo complicado y, sobre todo, una red de oyentes entrenados que sostengan sin juzgar. Porque quien ha perdido las ganas de vivir no necesita discursos de esperanza prefabricada; necesita a alguien capaz de permanecer junto a su abismo sin huir. Necesita, en el sentido más profundo y literal, que no lo dejen solo.
Ahora, hay que señalar que toda intervención psicológica que se precie en un desastre debe ir acompañada de una urgencia económica: no hay salud mental sin un plato de comida, pero tampoco la hay sin un propósito.
El tener un objetivo es el verdadero antídoto contra la depresión colectiva: restaurar la creencia de que la propia acción puede modificar la realidad. Ahora esto debería ser un plan a mediano y largo plazo, lo que va en contra de nuestra cultura inmediatista.
El terremoto mató miles de cuerpos. La depresión colectiva, si no se atiende con inteligencia clínica y económica, matará el alma de muchos. Y un país sin alma no se reconstruye, simplemente vegeta sobre sus propias ruinas.
lunes, julio 20, 2026
Delcy Rodríguez: el año 2027 será determinante para el impulso económico
Últimas Noticias 17 julio, 2026
Contenido
Capacidad operativa del sector petrolero
La presidenta (E) Delcy Rodríguez anunció que el año 2027 será un período de gran impulso y crecimiento para la economía venezolana, impulsado por los ingresos externos derivados de las inversiones en el sector de los hidrocarburos.
Durante una entrevista concedida al periodista español Javier Negre, la jefa de Estado precisó que el país se encuentra en una fase avanzada tras la negociación de 30 acuerdos estratégicos concretos que permitirán asegurar la llegada formal de capitales extranjeros.
La mandataria (E) Delcy Rodríguez manifestó que estos instrumentos jurídicos representan compromisos definitivos que sustituyen a los memorandos de entendimiento previos.
La Jefa de Estado (E) puntualizó que esta planificación de alianzas internacionales permitirá dinamizar de forma directa el aparato productivo interno, fortaleciendo la recaudación de divisas y consolidando la recuperación de la industria petrolera como pilar para el bienestar social.
Capacidad operativa del sector petrolero
La presidenta (E) destacó además que la capacidad operativa actual del sector registra una producción diaria de 1.200.000 barriles.
Finalmente, Rodríguez indicó que las proyecciones institucionales apuntan a cerrar el ciclo anual con un bombeo cercano a 1 millón 400 mil barriles por día, un incremento progresivo cuyo propósito central es traducirse en mejoras para el ingreso de los trabajadores y en beneficios concretos para la población.
FUENTE: Con información de Prensa Presidencial
Contenido
Capacidad operativa del sector petrolero
La presidenta (E) Delcy Rodríguez anunció que el año 2027 será un período de gran impulso y crecimiento para la economía venezolana, impulsado por los ingresos externos derivados de las inversiones en el sector de los hidrocarburos.
Durante una entrevista concedida al periodista español Javier Negre, la jefa de Estado precisó que el país se encuentra en una fase avanzada tras la negociación de 30 acuerdos estratégicos concretos que permitirán asegurar la llegada formal de capitales extranjeros.
La mandataria (E) Delcy Rodríguez manifestó que estos instrumentos jurídicos representan compromisos definitivos que sustituyen a los memorandos de entendimiento previos.
La Jefa de Estado (E) puntualizó que esta planificación de alianzas internacionales permitirá dinamizar de forma directa el aparato productivo interno, fortaleciendo la recaudación de divisas y consolidando la recuperación de la industria petrolera como pilar para el bienestar social.
Capacidad operativa del sector petrolero
La presidenta (E) destacó además que la capacidad operativa actual del sector registra una producción diaria de 1.200.000 barriles.
Finalmente, Rodríguez indicó que las proyecciones institucionales apuntan a cerrar el ciclo anual con un bombeo cercano a 1 millón 400 mil barriles por día, un incremento progresivo cuyo propósito central es traducirse en mejoras para el ingreso de los trabajadores y en beneficios concretos para la población.
FUENTE: Con información de Prensa Presidencial
BCV y Ejecutivo estrechan coordinación técnica con el sector bancario
Mesas de trabajo con Sudeban y la vicepresidencia sectorial buscan monitorear los niveles de liquidez para asegurar el bienestar de la población
Olys Guárate 17 julio, 2026
El Banco Central de Venezuela (BCV) y el Ejecutivo Nacional estrechan la coordinación técnica con los representantes de la banca pública y privada para asegurar el cumplimiento de los objetivos estratégicos del país.
En una reunión celebrada en la sede del ente emisor, las autoridades del Gabinete Económico y los directivos del sistema financiero evaluaron las herramientas conjuntas necesarias para consolidar la estabilidad macroeconómica en la actual etapa de normalización de la economía venezolana.
En el encuentro participaron voceros de la Vicepresidencia Sectorial de Economía, la Superintendencia de las Instituciones del Sector Bancario (Sudeban) y el Viceministerio de Economía Digital, Banca, Seguros y Valores.
La agenda de trabajo centró su atención en el diseño de estrategias para la estabilización del tipo de cambio y el control de las presiones inflacionarias, elementos considerados fundamentales para dar continuidad a la tendencia de crecimiento del aparato productivo.
Asimismo, las mesas técnicas abordaron la necesidad de monitorear los niveles de liquidez monetaria y optimizar el funcionamiento de las mesas cambiarias para maximizar el aprovechamiento de las divisas.
Tras finalizar las sesiones, la institución emisora ratificó su disposición de mantener la articulación con todos los actores financieros, sosteniendo que este proceso de cooperación mutua busca redundar directamente en el bienestar de la población.
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