01 Agradecer que Nicolás está vivo, razón por la cual estamos vivos.
02 Agradecer a Cilia por poner en práctica, en un momento de extremo terrorismo bélico, su amor incondicional y trascendente por Nicolás y la Patria. Nuestra primera combatiente y primera dama sabe que “los amores cobardes no llegan a amores o a historias, se quedan allí, ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar”.
03 Unidad, unidad, unidad es nuestra consigna. Una unidad blindada en la confianza y credulidad irrestrictas que depositamos en la dirigencia de la Revolución Bolivariana encabezada en Venezuela por Delcy Rodríguez y Maduro en las entrañas del monstruo.
04 Desear honor y gloria al bravo pueblo por resistir a más de 1.000 medidas coercitivas, conocidas por el imperio como sanciones; por seguir derrotando la guerra cognitiva; por guardar la calma y por salir a las calles y marchar por la liberación de Nicolás y Cilia.
05 Desear honor y gloria a los militares caídos que, aún en condiciones adversas de un ataque de altísima tecnología que el enemigo de la humanidad estrenó en Venezuela esa aciaga madrugada, defendieron la impronta de Bolívar y Martí, de Chávez y Fidel, con sus vidas.
06 Perdonar a familiares y amigos que celebraron el ataque imperialista, “porque no saben lo que hacen” (Lucas, 23:34). Son víctimas de la manipulación mediática, religiosa y de la guerra contracultural, curricular y cognitiva.
07 Organizarnos en cada comuna con el propósito de producir alimentos, ciencia y dignidad.
08 Repetir hasta el cansancio, en inglés o en castellano, war no, peace yes, porque vinimos al mundo a entreayudarnos, no a entredestruirnos, como dice Simón Rodríguez y “la paz será mi puerto, mi gloria, mi recompensa, mi esperanza, mi dicha y cuanto es precioso en el mundo”, como dice Simón Bolívar.
09 Recordar que “todo militar o dependiente de un ejército tomado en el campo de batalla aun antes de decidirse ésta, se conservará y guardará como prisionero de guerra, y será tratado y respetado conforme a su grado hasta lograr su canje“, como señala el artículo 2 del Tratado de Regularización de la Guerra, redactado en Santa Ana de Trujillo, en 1820, por Antonio José de Sucre y firmado por Pablo Morillo en representación de Fernando VII y el Libertador Simón Bolívar, presidente de la República de Colombia.
10 Concienciar que, a pesar del ataque y los secuestros, no se perdió el hilo constitucional. “Hoy tenemos Patria, que nadie se equivoque. Hoy tenemos pueblo, que nadie se equivoque. Hoy tenemos la Patria más viva que nunca, ardiendo en llama sagrada”. En este sentido, “la respuesta de todas y de todos los patriotas, los revolucionarios, los que sentimos a la Patria hasta en las vísceras como diría Augusto Mijares, es unidad, lucha, batalla y victoria”.
