La táctica del tiempo y el espejismo de la concesión
En el tablero de la geopolítica, el tiempo no es oro; es poder, el espacio vital para la lucha por la victoria o la supervivencia. Las concesiones que hoy se asoman como gestos diplomáticos no son más que un repliegue táctico en la gramática de la supervivencia.
Entendemos que el imperialismo no posee la capacidad de perdonar, pues su naturaleza es la expansión y el castigo al insumiso.
La historia es un eco persistente: la cinética de la guerra —esa danza brutal de fuego y hierro— acecha tras las cortinas de la diplomacia. Si cedemos terreno hoy, es solo para afilar el espíritu y robustecer el músculo. El poder, en su forma más cruda, solo reconoce la simetría de la fuerza: El poder solo reconoce la fuerza. En esta condiciones asimétricas de fuerzas, Guerra Híbrida se impone. En ella, lo invisible, es tan letal como un proyectil.
La Guerra Cognitiva como asedio a la voluntad
La agresión más peligrosa no ocurre en nuestras fronteras, sino en la psique del pueblo. La Guerra Cognitiva ha logrado lo que los bloqueos navales no pudieron: el bloqueo de la voluntad.El regreso al imperio de las necesidades: La gente, asediada por la urgencia de lo cotidiano —el pan, el combustible, el mañana inmediato—, se refugia en lo privado.
La Erosión del Sueño: Sin una utopía clara, el sacrificio se siente como un vacío y no como un peldaño hacia la liberación.
El Secuestro del Logro: El enemigo es hábil; si fallamos, la culpa es nuestra; si triunfamos, el relato imperial dice que es mérito de sus concesiones, al eliminar las «sanciones» o de su supuesta dirección externa. Es un juego de espejos donde el Gobierno Bolivariano corre el riesgo de volverse invisible en sus propias victorias.
El relato del enemigo y la legitimidad en juego
Se ha pretendido entronizar en el imaginario colectivo una mentira perversa: que las riendas de nuestro destino no están en Miraflores, sino en el Norte. Este relato tiene un doble filo venenoso:Expectativas Desmesuradas: Si el levantamiento de sanciones no trae una bonanza instantánea, la frustración se volcará contra el proceso bolivariano.
Invisibilización del Esfuerzo: Si mejoramos la calidad de vida, la maquinaria de propaganda le adjudicará el éxito a la «presión» externa, erosionando la confianza y la legitimidad del proyecto histórico.
La inevitabilidad de la confrontación
Debemos desechar las ilusiones. Las elecciones en Estados Unidos son sólo un cambio de máscara para el mismo rostro imperial. Esperar una guerra civil interna o un colapso milagroso en Washington es apostar la patria al azar. La realidad es una: de mantenerse las condiciones actuales, la confrontación cinética es un horizonte que se acerca.
La paz es un equilibrio de tensiones; la soberanía, una voluntad que no admite pausas.
Hacia una cultura de combate y resistencia activa
Es imperativo, aunque se haga bajo el velo de la prudencia, transitar hacia una economía y cultura de guerra. Esto no significa solo armas; significa:Soberanía tecnológica: Romper las cadenas del software y el hardware ajeno.
Producción nacional: Que en cada surco fértil germine la voluntad de vencer que en cada fábrica, cada centro de trabajo fragua de productividad, para convertidas en Trincheras protejan nuestro logística para el combate.
Organización de la “orgánica para el combate”: Estructurar las comunas y organizaciones naturales de los bloques históricos de masas para que, en el momento del trueno, cada ciudadano sepa que es un soldado de la idea y del acero.
La defensa de este proceso no es un favor que pedimos al mundo, es una tarea que nos pertenece. Hay que prepararse para la lucha, con la mente clara y el corazón blindado contra las ilusiones.
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Ciudad Valencia / Pedro Penso (Notas Escritas al Vuelo)
Equipo de Coordinación de la Red Internacional de Investigación Antifascista.
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