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lunes, abril 08, 2013

Siria acosada


Director: Diego Olivera. Jefe De Redacción: Miguel Guaglianone

Miguel Guaglianone

En los análisis realizados desde que empezó el conflicto armado en Siria habíamos establecido como un escenario probable la larga duración de la guerra. Si bien el libreto que fue puesto en marcha, con el objetivo exclusivo de hacer caer el gobierno encabezado por Bashar-al-Assad fue desde el principio el mismo que se utilizó para atacar Libia, destruir sus instituciones y sus infraestructuras y colocar allí un gobierno dependiente de los intereses de Occidente (de los Estados Unidos), llegando hasta el asesinato de su líder Muamar al Gadafi; en el caso de Siria previmos que los acontecimientos bélicos podían (y lo han hecho) tomar un ritmo diferente

La imposibilidad de conseguir un pretexto legal en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para poder realizar un bombardeo como el que arrasó Libia (¡78.000 misiones de bombardeo en un mes y pocos días!) se vio impedida en este caso por la firme posición de Rusia y China, quienes no han estado dispuestas a que se les haga nuevamente cómplices de la destrucción de una nación, vetando todo tipo de iniciativas al respecto propuestas por Estados Unidos o los países europeos. Por otra parte el gobierno sirio no cometió el error de Gadafi de desarmarse (confiado en supuestas alianzas, que incluían hasta la financiación de las campañas políticas de varios líderes europeos). El ejército de Siria no sólo está muy bien armado –incluyendo las baterías de proyectiles de alcance medio SS-300 de origen ruso– sino que tiene la experiencia de combate de décadas de quien se encuentra en estado de guerra (a partir de la guerra de los Seis Días y sobre todo desde que Israel tomara las alturas del Golan –que pertenecen a Siria– y finalmente se las anexara a su territorio, colocando allí artillería que apunta directamente a territorio sirio). Además el gobierno de Vladimir Putin los ha apoyado militarmente (suministrando armamento y enviando los equipos técnicos que repotenciaron los SS-300) y dejando claro que para Rusia el conflicto sirio constituye una línea limite, que no está dispuesta a dejar traspasar por los Estados Unidos y sus países aliados

Sin embargo, en estos dos años la escalada no solamente no ha cesado, sino que ha continuado paulatinamente en incremento. En la medida en que el gobierno y el ejército sirio han resistido los ataques de un conglomerado variopinto de enemigos (que como en el caso de Libia incluye a la oposición interna más radical pero que sobre todo está constituido por cuerpos mercenarios de distintos orígenes –que van desde profesionales de carrera reclutados en distintos escenarios del mundo, empleados de empresas de guerra “privada”, hasta grupos “terroristas” como Al-Quaeda­– que son promovidos, financiados y armados por varios países, algunos europeos como Francia o Gran Bretaña y otros del propio Medio Oriente, como Jordania, Arabia Saudí, Qatar, Turquía, etc.; en esa medida la resistencia ha promovido la continuidad, el incremento y la variedad de los ataques. Por supuesto todo esto acompañado de “sanciones económicas y políticas” y una sistemática campaña mundial de demonización del gobierno de Siria, mantenida a través de la red corporativa de medios de Occidente. Al respecto de esto último es un buen ejercicio monitorear los medios internacionales (CNN, Fox, RTE, RAI, DW, BBC, etc.) y comprobar cómo, cualquier “información” referente a Siria está siempre precedida de la descalificación o la demonización del “régimen” de Bashar-Al-Assad.

Los ataques de la fuerza mercenaria han ido “evolucionando” desde una guerra convencional, a una guerra de guerrillas, y ante la imposibilidad de superar la firme respuesta militar del gobierno sirio, han llegado al momento actual a utilizar una forma de guerra que el propio Occidente define como “terrorista”, colocando bombas en las ciudades sirias, que matan civiles no combatientes y utilizando una escalada de armas cada vez más sofisticadas, que ha terminado con la utilización de armas químicas (las que el propio Occidente define como “armas de destrucción masiva”).

Ante la imposibilidad material de colocar en territorio sirio un ejército que pudiera enfrentar en iguales condiciones al del gobierno, y a pesar de que en estos días ha entrado en combate la primera unidad (de alrededor de cien hombres) entrenada y armada directamente por los Estados Unidos en Jordania (el resto de los combatientes mercenarios es financiado, promovido, armado y entrenado por los países adláteres, tanto los europeos como los de la región); se han puesto en operación otro tipo de ataques, intentando salir de la relativa situación de estancamiento que está sufriendo el conflicto.

Así, la visita de Obama a Israel aprovecha para volver a poner en colaboración a Turquía e Israel. En un gesto no exento de teatralidad, Obama llamó por teléfono desde el aeropuerto donde era recibido por el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, a Recep Erdoğan, primer ministro turco, y logró que se solucionara el problema que tenía a ambos países en tensa relación diplomática desde 2010. Allí mismo Netanyahu pidió oficialmente (por primera vez) disculpas a Turquía por la muerte de siete activistas turcos asesinados por un comando israelí que detuvo y atacó en aguas internacionales a la llamada “Flotilla de la libertad” que pretendía llevar alimentos y medicamentos a la franja de Gaza, cercada por Israel. Una de las primeras consecuencias de este restablecimiento de la “amistad fraterna” entre ambos países, es que Turquía continuará recibiendo los datos de inteligencia proporcionados por el Mossad respecto a la guerrilla kurda, la que ha sido el factor que ha impedido materialmente la intervención de Turquía en territorio sirio, ya que cuando intentó hacerlo, los kurdos incrementaron sus acciones de resistencia armada (esto a pesar que el gobierno turco está en conversaciones de paz con el líder de la resistencia kurda a quien tiene preso).

Por otra parte, la Liga Árabe ha decidido aceptar en su seno como representante de Siria a la oposición, desconociendo la legitimidad del gobierno de Bashar-Al-Assad. Aunque lo único que se está haciendo es formalizar una situación de beligerancia que ya existía de parte de la Liga Árabe hacia Siria, se terminan de caer las máscaras, con el reconocimiento oficial de los “rebeldes” como representantes del pueblo sirio.

Finalmente –y si no fuera tan trágico podría ser hasta caricaturesco– frente a un ataque de los mercenarios con armas químicas, que dejó 29 muertos y más de un centenar de heridos y ante la protesta elevada a las Naciones Unidas por el gobierno sirio, el inefable Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas, que desde su nombramiento ha venido actuando no como Secretario de una institución internacional, sino como Secretario de Colonias de los Estados Unidos y sus aliados, declara que las Naciones Unidas deberán investigar “todas las acusaciones del uso de armas químicas en Siria”. Lo curioso es que la única referencia a armas químicas por parte del gobierno sirio han sido unas declaraciones de Barak Obama del año 2012, que nunca acusaron a Bashar-Al-Assad de utilizarlas, sino que se referían a que “Estados Unidos no permitirá que el gobierno sirio utilice las armas químicas que posee contra su población” y que “el gobierno sirio deberá cuidar de que esas armas no caigan en manos indeseadas”. Inmediatamente el gobierno sirio respondió que utilizaría esas armas sólo frente a una invasión externa, y nunca contra su pueblo. Pero el Secretario General utilizó con naturalidad la “Teoría de los dos demonios”, que fuera inventada en la Argentina para ayudar a la dictadura argentina a evadir responsabilidades sobre detenciones, torturas, asesinatos y 30.000 “desaparecidos”. Cuando se criminaliza a las víctimas, equiparándolas a los victimarios, se relativiza la responsabilidad de quienes realizan actos contra la Humanidad.

En definitiva, además de seguir manteniendo los ataques tanto en las ciudades como fuera de ellas contra el Estado sirio, incorporando progresivamente armamento cada vez más poderoso y sofisticado, se siguen tomando otras acciones que constituyen otras formas de ataque. Se rechaza todo tipo de propuesta de negociación, porque el objetivo de esta guerra es claro: a los Estados Unidos le importa sustituir al gobierno sirio por otro que responda a sus directivas. Esto cambiaría en forma vital la situación de poder en la región. Permitiría un repotenciamiento del poder militar israelí en la zona, y dejaría a Irán (el objetivo final en el proyecto de reestructuración del Medio Oriente decidido por el Departamento de Estado) sin su principal aliado en la zona, dejando inutilizado además uno de los pocos países con capacidad militar para tomar represalias sobre Israel. Así continúa la escalada.

Y según algunos analistas políticos, es muy probable que se siga apretando aceleradamente el acoso sobre Siria en el futuro inmediato. Lo que parece haber detrás es que en junio se están previendo conversaciones entre los Estados Unidos y Rusia sobre la situación siria, dónde Rusia exigirá con toda su fuerza una solución (como la que viene proponiendo hace tiempo) diplomática al conflicto. Entonces se dice que los Estados Unidos y sus naciones satélites incrementarán su presión sobre territorio sirio, en la búsqueda de cambiar el equilibrio de poder en la zona antes de que comiencen las negociaciones, en las cuales deberían ceder presionados por Moscú (y posiblemente también por China).

En definitiva, aquí como siempre los grandes perdedores son los civiles inocentes, las bajas sistemáticas de los “daños colaterales” o los que deben abandonar sus hogares, emigrar y refugiarse donde se pueda, huyendo de los combates. Un cálculo conservador habla de 70.000 bajas civiles en lo que va de conflicto, y como van las cosas parece ser un número en constante aumento. Es el terrible costo de las acciones producto de la desesperación imperial, ante su propia crisis interna y su pérdida de poder e influencia en el mundo.
miguelguaglianone@gmail.com

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